Niñas, niños y adultos mayores cargan con el despojo y el miedo tras huir de la violencia en la Sierra Tarahumara
Bocoyna, Chih. – Más de 50 familias rarámuris de la Sierra Tarahumara iniciaron el año lejos de sus hogares, desplazadas por la violencia generada por grupos del crimen organizado en municipios como Guadalupe y Calvo. No piden apoyos extraordinarios: solo exigen, como deseo de año nuevo, condiciones de seguridad para poder regresar a sus pueblos.
Tras huir durante 2025 para salvar la vida, hoy sobreviven en municipios ajenos como Parral, San Francisco del Oro o la ciudad de Chihuahua, enfrentando desempleo, precariedad y un profundo daño emocional. Entre los desplazados hay niñas, niños, adolescentes y al menos 20 adultos mayores que tuvieron que abandonar no solo sus casas, sino su historia y arraigo. De acuerdo con el Colectivo Nuevo Amanecer, al menos 80 menores han requerido atención psicológica tras crecer entre balaceras y constantes huidas.
Las comunidades que dejaron atrás permanecen prácticamente vacías, bajo control de grupos armados, mientras el Estado sigue sin garantizar el derecho básico a vivir en paz. Esta realidad evidencia el fracaso de la estrategia de seguridad en la región serrana.
Enrique Bautista, líder antorchista en la zona, calificó el desplazamiento como alarmante y exigió a los gobiernos federal y estatal acciones reales y urgentes para frenar la violencia. “No hubo festejos de fin de año, hubo miedo y desesperanza; lo único que quieren estas familias es volver a sus hogares sin temor”, señaló.
Las familias desplazadas demandan atención integral, acompañamiento psicológico y, sobre todo, seguridad efectiva que les permita regresar. La omisión oficial mantiene a cientos de chihuahuenses desterrados en su propio estado. La paz no puede seguir siendo una promesa incumplida.







