Coahuila. La deserción escolar en Coahuila se ha convertido en un problema social creciente que va más allá de pasar clases: afecta el desarrollo personal de los jóvenes, debilita el tejido social y repercute en la economía local y familiar.
De acuerdo con datos recientes, la tasa de abandono escolar en el nivel medio superior especialmente en preparatoria alcanzó alrededor del 14 % en el ciclo 2023-2024, cifra que supera la media nacional (8.1 %). Esto significa que de cada 100 jóvenes que inician la educación media superior, al menos 14 no concluyen sus estudios.
Coahuila. En Coahuila, miles de jóvenes están dejando las aulas antes de concluir su formación académica. No se trata de cifras frías ni de estadísticas aisladas: se trata de historias interrumpidas, de sueños aplazados y de una problemática social que refleja profundas desigualdades estructurales.
La deserción escolar, particularmente en el nivel medio superior, se ha convertido en una señal de alerta que no puede seguir minimizándose. Cuando un joven abandona la escuela, rara vez lo hace por falta de interés. Lo hace porque la realidad pesa más que los libros. Lo hace porque en casa falta dinero, porque necesita trabajar, porque enfrenta un embarazo adolescente, porque la violencia o el entorno social lo rebasan, o porque simplemente no encontró orientación ni acompañamiento.
El problema no es individual, es colectivo. Cada estudiante que deja la preparatoria representa una oportunidad perdida para el desarrollo económico y social del estado. Representa también un riesgo mayor de precariedad laboral, informalidad y vulnerabilidad. Un joven sin estudios concluidos tiene menos acceso a empleos formales y mejor remunerados, lo que perpetúa el ciclo de pobreza en muchas familias coahuilenses.
Pero más grave aún es la normalización del abandono escolar. Se ha vuelto común escuchar que “muchos ya no quieren estudiar”, cuando la pregunta real debería ser: ¿qué estamos haciendo para que quieran y puedan quedarse?
La educación no puede verse como un gasto, sino como la inversión social más estratégica. Si el Estado no garantiza condiciones dignas para que los jóvenes permanezcan en las aulas, becas suficientes, transporte accesible, orientación vocacional efectiva y programas de apoyo emocional, la deserción seguirá creciendo.
Coahuila necesita una política educativa que no solo inscriba alumnos, sino que los retenga, los acompañe y los impulse.







