Por:Pedro Pérez Gómez
En un país donde muchas ferias han perdido su sentido original y se han convertido en simples escaparates comerciales o en espectáculos inaccesibles para el pueblo trabajador, la “Feria de la Unidad entre los Pueblos” de Tecomatlán, Puebla, representa un modelo distinto: una celebración que nace del trabajo colectivo, que apuesta por la cultura y que pone en el centro a la organización popular como motor de desarrollo.
Del 15 al 22 de febrero, más de 130 mil asistentes podrán disfrutar de actividades culturales, deportivas y gastronómicas, jaripeo ranchero y conciertos con artistas de renombre, todos gratuitos. No se trata de una casualidad ni de un golpe de suerte; se trata del resultado de años de organización social encabezada por el Movimiento Antorchista y respaldada por el pueblo de Tecomatlán. Como lo expresó el presidente municipal, Avelino Rivera Campos, esta feria no compite con otras, sino que se suma al desarrollo cultural de los pueblos.
Ese planteamiento es fundamental. En tiempos donde predomina la lógica del mercado, hablar de unidad, organización y progreso cultural resulta casi contracorriente. Sin embargo, Tecomatlán demuestra que cuando un pueblo está organizado puede garantizar no solo diversión sana, sino también seguridad, orden y acceso universal a la cultura. En un contexto nacional marcado por la violencia y la inseguridad, ofrecer una feria con paz y tranquilidad es, en sí mismo, un logro político y social digno de análisis.
La presidenta del Comité de Feria, Concepción Muñiz Escalona, subrayó que este evento es producto del trabajo conjunto entre el gobierno municipal, el Movimiento Antorchista y el pueblo organizado. Esa triada explica el éxito del modelo: dirección política clara, administración comprometida y participación popular activa. No se trata de un evento impuesto desde arriba, sino construido desde abajo.
La programación cultural confirma esta visión. En la Plaza de Toros se presentarán eventos culturales de diversos estados como Veracruz, Michoacán y el Estado de México, además de los Grupos Culturales Nacionales de Antorcha y las escuelas locales. En el auditorio municipal habrá teatro; en el ámbito deportivo, actividades para jóvenes; y en el terreno gastronómico, la preservación de platillos tradicionales como el huaxmole de res, el adobo de puerco, el chilate de cuaguayate, los tamales de frijol y el mole poblano. Es decir, la feria no es solo entretenimiento: es identidad, es tradición y es educación cultural.
Además, la participación juvenil —representada por la reina de la feria, Brianna Naomi Díaz Romero— refleja otra característica central de Tecomatlán: su apuesta por la formación de las nuevas generaciones. El municipio, conocido como la “Atenas de la Mixteca”, se ha distinguido por recibir estudiantes de distintos estados y ofrecer condiciones de seguridad y desarrollo educativo. No es casual que haya sido reconocido internacionalmente por su calidad de vida. Ese reconocimiento es consecuencia de un proyecto social que prioriza infraestructura, bienestar y organización comunitaria.
Ante este panorama, el Movimiento Antorchista en Aguascalientes fija un posicionamiento claro: la Feria de Tecomatlán es un ejemplo de que sí es posible construir espacios culturales masivos, gratuitos y seguros cuando el pueblo se organiza y participa activamente en la vida pública. No es un modelo aislado ni un caso fortuito; es la demostración práctica de que la organización social consciente puede transformar realidades.
Desde Aguascalientes, donde también enfrentamos retos en materia de acceso a la cultura, desigualdad social y participación ciudadana limitada, vemos en Tecomatlán una experiencia que debe estudiarse y replicarse. Las ferias no deben ser únicamente plataformas de lucro o vitrinas políticas sin contenido social. Deben convertirse en instrumentos para fortalecer la identidad colectiva, promover el arte popular, impulsar el deporte y garantizar espacios de convivencia sana para las familias trabajadoras.
El Movimiento Antorchista en Aguascalientes sostiene que la cultura no es un lujo, sino un derecho. Y como derecho, debe ser garantizado mediante políticas públicas que prioricen el acceso universal y gratuito, especialmente para los sectores más humildes. La experiencia de Tecomatlán confirma que esto es posible cuando existe voluntad política y organización popular.
Asimismo, reafirmamos que la seguridad no se construye únicamente con discursos ni con medidas aisladas, sino con tejido social fuerte, participación comunitaria y oportunidades reales para la juventud. Una feria organizada colectivamente, financiada con el esfuerzo común y orientada al progreso cultural es, también, una estrategia de prevención social.
En conclusión, la “Feria de la Unidad entre los Pueblos” no es solo una festividad anual; es la expresión concreta de un proyecto social basado en la organización, la unidad y el trabajo colectivo. Desde Aguascalientes, el Movimiento Antorchista saluda esta iniciativa, respalda su espíritu y reafirma su compromiso de seguir impulsando en nuestro estado espacios culturales, deportivos y educativos que pongan en el centro al pueblo trabajador.
Porque, como lo demuestra Tecomatlán, cuando el pueblo se une y se organiza, no solo puede hacer una gran feria; puede construir un modelo de desarrollo digno, cultural y profundamente humano.







