Por Ramón Rosales Córdova
En más de cincuenta años de existencia, el Movimiento Antorchista Nacional ha entendido que la formación del pueblo no se limita al aula ni al escenario, sino que también se construye en la cancha, en la pista y en cada espacio donde la juventud aprende a resistir, a disciplinarse y a trabajar colectivamente. Porque el deporte, cuando está en manos del pueblo, deja de ser espectáculo vacío y se convierte en una herramienta real de transformación social. Del 7 al 15 de marzo de 2026 viviremos las Espartaqueadas Deportivas de este año, no como un evento aislado, sino como una expresión organizada de la fuerza de la juventud trabajadora. ¿Qué significa convocar al deporte en tiempos de desigualdad? Significa disputar espacios, formar carácter y demostrar que la organización también se construye con esfuerzo físico, constancia y disciplina consciente.
Hoy, en un sistema que promueve el individualismo y reduce el deporte a mercancía o privilegio, practicarlo desde el pueblo es un acto profundamente político. El deporte educa, ordena la voluntad y fortalece el espíritu colectivo. Enseña que nadie gana solo, que el triunfo verdadero se construye con equipo, con sacrificio y con metas compartidas. Cada entrenamiento es resistencia. Cada competencia es formación. Cada disciplina deportiva es, en el fondo, una escuela de vida. Ahí se aprende a levantarse después de la derrota, a respetar al compañero, a asumir responsabilidades y a luchar por objetivos comunes. No es casual que los jóvenes que practican deporte organizado desarrollen mayor disciplina, compromiso y sentido de pertenencia social. Las Espartaqueadas Deportivas representan, en esencia, la convicción de que el deporte debe ser un derecho del pueblo y no un lujo reservado para unos cuantos. Son el espacio donde estudiantes, hijos de trabajadores y jóvenes de comunidades populares demuestran que el talento existe en el pueblo y que, con organización, puede florecer con dignidad.
Desde una perspectiva social, el deporte cumple una función fundamental en el desarrollo de la juventud y de la sociedad misma. Forma ciudadanos más conscientes, más disciplinados y más solidarios. Frente a una realidad que muchas veces empuja a la apatía, la deserción y el aislamiento, el deporte organizado se levanta como alternativa formativa, como motor de motivación y como instrumento de unidad colectiva. Por eso, estas Espartaqueadas no son solo competencias deportivas, son un llamado a la acción organizada, a la participación activa y a la construcción de una juventud fuerte física y mentalmente en un espíritu siempre colectivo. Porque un joven disciplinado en el deporte difícilmente será indiferente ante las injusticias de su entorno. Como bien ha señalado el Ing. Aquiles Córdova Morán, la formación integral del ser humano es tarea central del pueblo organizado. Y el deporte, cuando se orienta al servicio de las mayorías, motiva, transforma y fortalece la conciencia colectiva. Que la cancha sea también trinchera formativa. Que el esfuerzo sea organización. Y que del 7 al 15 de marzo de 2026 las Espartaqueadas Deportivas se conviertan, una vez más, en ejemplo vivo de que el deporte del pueblo forja juventud consciente, disciplinada y comprometida con la transformación de la sociedad.







