#CRÓNICA // La odisea del viaje a Tecomatlán. No nos desanimamos, vinimos y fuimos campeones. Antón González Garza

marzo 25, 2026
Por: Euribiades García
“Salimos de San Luis Potosí, más precisamente de nuestra escuela, la grandiosa Normal Camilo Arriaga (ENCA), a las 11 horas con 40 minutos de ayer, con un itinerario fijo, por lo que contábamos con llegar a descansar a nuestro destino del viaje que era este pueblo de Tecomatlán, Puebla, conocido ya entre la gente como la Atenas de la Mixteca, pues ya otras veces habíamos hecho el recorrido, y sabía por experiencia que haríamos aproximadamente 10 horas de camino, pero esta vez nos hicimos más de 15 y ya no pudimos descansar lo suficiente para nuestro primer compromiso”. Así comentaba el 7 de marzo el entrenador y Director Técnico del representativo del estado potosino Antón González Garza, minutos previos al inicio del desfile de las delegaciones de deportistas que inundaban el acceso principal del municipio poblano, sede de la vigésimo segunda Espartaqueada nacional del Movimiento Antorchista en este 2026.
Se trata del equipo de futbol varonil de la categoría juvenil C compuesto por 20 jugadores, todos, alumnos de la institución que forman parte de la selección, la cual viene saliendo triunfadora de un torneo estatal entre las instituciones de educación superior, se sienten confiados, tienen la esperanza y la certeza de que realizarán un buen papel, la mayoría de ellos cursan la carrera de Educación Física, saben que lo que practiquen y aprendan en esta nueva experiencia les ayudará en su vida profesional como docentes, además es una buena oportunidad para hacer amigos en otros estados del país.
“El retraso en el viaje comenzó en la tierra del reboso, Santa María del Río, ya que en la desviación a Vaquerías nos encontramos con un accidente vial que detuvo por completo el tráfico mientras retiraban el vehículo, lo cual nos hizo parar en nuestra marcha por varios minutos. Nos dimos cuenta que el caso iba para largo al percatarnos de la gran cantidad de tránsito pesado, particularmente tráileres hasta con doble remolque, pero conservábamos nuestro optimismo de llegar enteros para los partidos que teníamos enfrente. Una vez superado este obstáculo, nos sentimos aliviados y entusiasmados, sin contar con que, kilómetros adelante, en la primera población, ya en territorio de Guanajuato, llamada San Diego de la Unión, un retén policial, de los que están ahora de moda en las carreteras del país, se volvió a formar la enorme cola de tráfico y nos volvimos a detener ya con el sol a plomo, pero aún resignados”. Comenta uno de los 22 pasajeros de la Sprinter en la que tuvieron que viajar por la falta del notorio apoyo gubernamental, por lo que, prácticamente, con su propio esfuerzo y el de su escuela, les fue posible hacer el viaje anhelado como parte de su fogueo en el deporte que les apasiona.
Así se acumulaban las horas que harían el retraso final. El tiempo comenzaba a pesar, nos parecía más largo de lo normal, nos preocupaba la espera debido la premura de llegar, el éxito nos aguardaba y teníamos que ir por él, por lo que era menester presentarnos a tiempo y en las mejores condiciones posibles, había ya entre nosotros quienes ansiaban llegar a la inauguración porque nos habían contado otros compañeros que era un evento muy bonito y muy nutrido de gente deportista, incluso en el que participaban atletas de alto rendimiento, además todos necesitábamos descansar lo suficiente para poder librar nuestro primer compromiso en la cancha, que se desahogaría precisamente en horas de la tarde el mismo día de la inauguración, o sea al siguiente de nuestra partida y estábamos ahí, varados por completo, recién salidos del territorio potosino.
Por fin pasamos, salimos del tráfico y respiramos aliviados, pero nuestro destino nos tenía reservadas más sorpresas y sobresaltos, como a los antiguos navegantes se los reservaban sus dioses. Al llegar al libramiento que rodea la capital queretana, habíamos tomado la rúa y enfilado a buena velocidad que nos llenaba de vivas esperanzas, cuando el sonido característico y la inmediata disminución de la velocidad nos dijeron que nuestras peripecias no podían haber terminado: un neumático se averió y el repuesto no apareció por ningún lado ¿Qué hacer? ¿Llamar a casa quizá, o hablar al 911 que nos ayudara a rescatar el triunfo que soñábamos y dábamos por nuestro? Pasaron las horas, hasta que, por fin, pudimos conseguir, gracias al encargado del contingente un nuevo neumático, y ahora sí, dijimos, hasta no verte famoso Tecomatlán.
Algunos dormitaban con la caída de la tarde o tratando de mitigar los nervios, otros con la mirada perdida en el horizonte que cambiaba a cada trecho escuchaban música en sus relucientes auriculares, otros más, pegados a la luminosa pantalla de sus celulares se entretenían con contenidos para hacer menos tenso el momento. Más tarde nos incorporamos, para recuperar el tiempo el arco norte, que nos llevaría directo a la ciudad de Puebla de Zaragoza, que sus mitos cuentan haber sido diseñada por los ángeles, pero, sobre todo, que aquellos fueron los autores de la colocación de la inmensa campana que ostenta orgullosa su catedral. En todo caso, sí es pregonada por la historia la heroicidad de los hechos de Ignacio Zaragoza y los valientes indios zacapoaxtlas ante la invasión extranjera en el siglo XIX, y más recientemente los realizados por los hermanos Serdán, encabezados por Aquiles, en tiempos revolucionarios. “Pero aún con los sueños en nuestras cabezas, tuvimos que despertar de nueva cuenta a la cruda realidad; otro accidente carretero, más tráfico detenido, ahora a la entrada de la ciudad de Tula, Hidalgo”, asentamiento antiguo de la rica cultura tolteca, donde a lo lejos, sus colosales atlantes se enseñorean del paisaje, como imborrable símbolo de pasadas glorias de toda una raza. “Por fortuna quedamos cerca de una gasolinera que además de contar con tienda de conveniencia, sirve de punto de reunión a comerciantes en pequeño de los llamados ambulantes que ofertan sus mercaderías a la gente que transita: tacos, tortas y toda suerte de alimentos”; por lo que, ni tardos ni perezosos nos reconfortamos de inmediato devorando algunas enchiladas potosinas que nos hicieron extrañar las de la tierra natal, porque, aunque pasables tenían ausente el toque potosino.
Cuando llegamos a la ciudad de Puebla, había avanzado la noche: era grande, luminosa con su gigante rueda de la fortuna, visible desde lo lejos. Pero lo que más nos impresionó a esa hora fue la enorme masa oscura que se destacaba hacia el poniente como gigantescas sombras, bien podían  parecer la de dos gigantes guardianes de la ciudad, o del inmenso valle que se adivinaba más que se veía a los pies de sus enormes moles, eran, nos explicó el maestro, los míticos volcanes del Popocatépetl o cerro que humea y el Iztaccihuatl o la mujer dormida, a los que, por desconocimiento sólo percibíamos como gigantescas sombras tenebrosas, por la oscuridad.
“Nosotros tuvimos que correr con los gastos del traslado en lo fundamental, ningún gobierno nos quiso apoyar, ni siquiera nos prestaron un transporte, lo que pudo haber truncado nuestros sueños, pero sobre todo revela la poca importancia que se le da por parte de los tres niveles de gobierno a una actividad que debiera estar entre sus prioridades si se entendiera la enorme importancia de que se masifique la actividad deportiva para aliviar la salud pública, pero también para alejar de los vicios a la juventud y de otras actividades nocivas que tanto mal le hacen al país, porque como nos explicó el dirigente de la organización en el discurso que nos dio en el acto de inauguración, al hacer deporte intenso en nosotros se aceleran los procesos mentales, pero además se segregan neurotransmisores que producen placer, alejándonos de los estupefacientes, que hacen el mismo efecto de euforia pero de manera artificial y dañina”, nos dijo otro jugador exhausto pero contento, después de derrotar en el partido final al representativo de Guanajuato, con el número 7 en la casaca.
“Intentaremos ganar todo lo que se pueda” dijo, por su parte, muy seguro Fernando Gómez, alumno del sexto semestre del bachillerato al momento de la entrevista, cuando aún no se conocía ni el rol de juegos completo, el cual junto con sus compañeros del CECyTE VI procedentes del municipio de Villa de Ramos, arribaron a Tecomatlán también a punto del amanecer, pero ellos para participar en los encuentros de Volibol, en la categoría juvenil B. “Es mi primera vez en Tecomatlán, yo curso el cuarto semestre” refiere terciando Santiago Gómez en la entrevista y asegura, a pregunta expresa, desempeñar la posición de colocador, que es fundamental en esa disciplina porque se requiere de pases precisos para que el “clavador” o atacante, pueda concretar una jugada que deje nulas posibilidades de respuesta al rival.
Pero las damas también estuvieron presentes en el primer envío de deportistas potosinos, muchos de ellos miembros activos de la organización, otros amigos, y los menos, invitados por el antorchismo y atraídos por la interesante propuesta deportiva y cultural que ofrece la organización de los pobres de México, así como de los espacios, infraestructura y la ocasión real para poder desarrollar, de manera totalmente gratuita las capacidades y el talento de la juventud del país, participando de las Espartaqueadas con el bullicioso entusiasmo de la juventud.
“Soy Arely Domínguez, alumna del cuarto semestre del bachillerato en el CECyTE VI de Villa de Ramos SLP., y vengo a representar a mi escuela, a mi municipio y a todo mi estado en estas impresionantes justas deportivas”, que como puede verse se realizan de manera independiente con el esfuerzo de la propia gente, pues hasta para poder venir no contamos con el apoyo oficial de los gobiernos, lo que nos obliga a tener que hacerlo con nuestros propios recursos, y gracias a los maestros que no echan la mano, completa otra jugadora, “soy delantera de mi equipo de futbol femenil categoría juvenil b, y aunque venimos a ganar el campeonato, nada está escrito, pero el sólo hecho de estar hoy aquí en esta gran fiesta deportiva de la juventud mexicana ya es una grata experiencia, ya es un triunfo para nosotros”.
“Acabamos de concluir como punteros en un torneo que se realizó en nuestro estado, es cuestión de echarle ganas porque la preparación ya la traemos, queremos también ser campeones a nivel nacional en nuestra categoría, pues venimos por buenos”, dijo antes de iniciar los encuentros el número 18 del equipo de futbol de la ENCA, quien al concluir el torneo, señaló: “El entrenador tenía mucha confianza en nosotros, él ya ha sido campeón en estos eventos con otros equipos y constantemente nos animaba, sabía de nuestras capacidades en el terreno de juego, y se logró el triunfo, afortunadamente”. Dijo ufano el portador del número 18.
Pero aún en la euforia del triunfo, el Director Técnico y entrenador recordó: “Que bueno que llegamos a tiempo. En el viaje llegué a dudar, porque ya a las dos de la mañana entrando a la ciudad de Izúcar de Matamoros, a dos horas de nuestro destino en tiempo normal, el vehículo que nos traía perdió la fuerza en el motor y continuamos nuestro camino, pero muy lentamente, yo creí que ahí nos dejaría tirados y tendríamos que despedirnos de nuestros sueños diciendo adiós al evento de inauguración, adiós torneo de futbol, adiós laureles del triunfo y adiós Espartaqueada 2026. Muy despacio, pero llegamos afortunadamente y aquí estuvimos listos para participar, y, como lo prometimos, ahora nos retiramos con el título de campeones del torneo, más maduros, y siendo parte de esta enriquecedora experiencia para la juventud sana de nuestro país, de este ambiente de fraternidad y de superación colectiva”.
“En Tula, la mayoría comió enchiladas potosinas, que además de saber diferente nos parecieron elevadas de precio, quizá porque para ellos ese platillo es de “importación”, me costaron cien pesos, pero están mejor las que me prepara mi mamá”, dice en tono jocoso el capitán del equipo de futbol varonil, que después quedaría campeón en la Espartaqueada. Y ya en tono serio continúa “serían pasadas las doce de la noche cuando por fin arribamos a la ciudad de Puebla, las luces reverberaban como si nos saludaran y nos dieran la bienvenida, pero nos faltaba todavía un buen trecho por recorrer”. “Ya veníamos cansados y preocupados por el compromiso que habíamos hecho de salir triunfadores con nuestra pequeña pero leal afición que son nuestros compañeros, nuestros maestros y nuestro querido director Nicolás Carro Ramírez, y no queríamos defraudar a nadie, como final y afortunadamente sucedió, como lo constata muy bien este hermoso trofeo que ante todo es el reconocimiento al tesón y al trabajo en equipo que hemos sabido imprimir a nuestro esfuerzo y a nuestros sueños para que puedan materializarse”. “Gracias a Antorcha por la experiencia, y estamos seguros de regresar en dos años a refrendar nuestro título de campeones como Escuela Normal Camilo Arriaga”, finaliza visiblemente emocionado Antón, el entrenador y director técnico del equipo. ¡Hasta la próxima!