Por: José Emilio Soto
Vivimos tiempos en donde la verdad se ha convertido en el primer campo de batalla. Hoy, como nunca antes en la historia de la humanidad, el pensamiento absurdo, es decir, todo aquello contrario a la razón, a la lógica o al sentido común, avanza con paso firme frente al pensamiento crítico, ese producto del análisis científico y profundo de la realidad.
Si no reparamos en esto, si no despertamos a tiempo, la mentira pronto lo gobernará todo, y cuando eso ocurra, ya no habrá forma de distinguir entre el opresor y el oprimido, entre la libertad y la sumisión.
No es solo discurso, la realidad nos muestra, en todos sus matices, la crueldad de lo que el imperialismo occidental es capaz de hacer en su campaña sangrienta por dominar el planeta.
La Franja de Gaza, Venezuela, Cuba e Irán son solo ejemplos trágicos de lo que estoy diciendo, detrás de cada noticia manipulada, detrás de cada imagen recortada, hay un propósito: justificar la agresión, criminalizar a la víctima y santificar al verdugo.
Pero el colonialismo de antaño, basado casi exclusivamente en la fuerza bruta de las armas convencionales, ha variado, luego vinieron las armas atómicas, biológicas y químicas, que hicieron más eficientes las masacres y el sometimiento.
Sin embargo, incluso ese poderío topaba con dos obstáculos insalvables: primero, la resistencia del pueblo trabajador, el único que produce la riqueza que los invasores anhelan; segundo, la destrucción casi total, en las guerras modernas, de esa misma fuerza de trabajo y de los recursos naturales que ambicionaban.
La solución del imperio fue entonces inventar una nueva guerra de conquista: una que, sin destruir lo que se quiere saquear, aniquile la voluntad de resistencia, una guerra que deje intacta la fuerza de trabajo y los recursos naturales de los vencidos, y que además logre que esos recursos sean entregados gustosa y voluntariamente a los vencedores.
Esa guerra existe, se llama guerra cognitiva, y se libra invadiendo las mentes más desprevenidas antes, durante y después de la batalla. La guerra psicológica y la propaganda han sido siempre parte de la guerra y están dirigidas tanto a la población del país enemigo como la propia población.
Una nota reciente del portal www.rebelion.org, menciona que las grandes compañías tecnológicas de la Información (TI) y de la Comunicación (TIC), es decir, Apple, Microsoft, Amazon, Alphabet, Meta, Nvidia, Tesla, Samsung, Intel, IBM, Facebook, y también Canva, Google Analytics, WordPress, SharePoint, Google Meet, Teams, Zoom, WeTransfer y Google Drive, han desplegado una guerra cognitiva profunda y extensa para cambiar mentes, tergiversar acontecimientos y presentar a los opresores de los pueblos como los buenos y a los oprimidos como los culpables.
Mientras controlan la información, además cometen ataques informáticos contra la infraestructura crítica de otros países para sembrar confusión.
Este conglomerado tecnológico, que abarca hardware, software, datos y servicios que capturan y protegen para crear valor, está totalmente al servicio de los grandes imperialistas colonizadores modernos, y la disputa por su control es tan evidente que incluso en el mismísimo corazón del imperio se denuncia abiertamente.
La oligarquía definida por Aristóteles como el gobierno de unos pocos basado en la riqueza, que gobierna para su propio interés. Hoy hay que añadir la extraordinaria hegemonía sobre los medios de comunicación, que les da la capacidad de educarnos en su beneficio, incluso cuando creemos que solo nos entretenemos.
Hace algunas semanas en el discurso de clausura de la XXII Espartaqueada Deportiva Nacional 2026, el ingeniero Aquiles Córdova Morán, secretario general del Movimiento Antorchista, recordó algo esencial: el mundo vive momentos difíciles no vistos desde la Segunda Guerra Mundial; una crisis donde lo primero que sufre es la verdad, estamos bombardeados de noticias contradictorias, incapaces de formarnos un juicio correcto de la realidad.
Nos enseñó que el universo tiene forma y contenido, fenómeno y esencia, la parte fenoménica la captamos con los sentidos, pero la esencia hay que desentrañarla con pensamiento crítico y estudio profundo, no conformarse con lo que ven los ojos, porque debajo de lo aparente está lo esencial.
Por todo ello, ante estos tiempos confusos, promover y practicar el pensamiento crítico entre todo el pueblo es una tarea fundamental de todos. No es una opción académica, sino una necesidad de supervivencia.
La guerra cognitiva del imperialismo pretende someternos sin disparar un solo tiro, colonizando nuestra conciencia, no olvidemos que las mentes de la población más vulnerable del mundo están en peligro, y defenderlas empieza por aprender a pensar por nosotros mismos.







