Cd. Victoria, Tam.- Mientras el mundo busca soluciones millonarias para frenar el cambio climático, en las costas de Tamaulipas existe una defensa natural que trabaja todos los días de manera silenciosa: los manglares y los pastos marinos.
Estos ecosistemas, presentes en lagunas costeras, esteros y humedales del litoral tamaulipeco, son capaces de capturar y almacenar enormes cantidades de dióxido de carbono (CO2), uno de los principales gases responsables del calentamiento global, sin embargo, también figuran entre los ambientes más amenazados por la actividad humana.
Para el doctor en Ciencias del Mar, Leonardo Uriel Arellano Méndez, especialista en biología marina y ecología costera, catedrático de la UAT, la importancia de estos ecosistemas va mucho más allá de su valor paisajístico.
“Los manglares y los pastos marinos funcionan como auténticas trampas de carbono, son ecosistemas que tienen la capacidad de capturar grandes cantidades de dióxido de carbono de la atmósfera y almacenarlo durante décadas o incluso siglos en sus sedimentos, su contribución para mitigar los efectos del cambio climático es extraordinaria y, sin embargo, muchas veces pasa desapercibida”, explica.
EL CARBONO AZUL QUE PUEDE MARCAR LA DIFERENCIA
Los científicos llaman “carbono azul” al carbono capturado por ecosistemas costeros como manglares, marismas y pastos marinos.
A diferencia de los bosques terrestres, donde gran parte del carbono se almacena en troncos y ramas, en los ecosistemas costeros una proporción significativa queda atrapada bajo el suelo, donde puede permanecer por cientos de años.
La costa de Tamaulipas alberga importantes extensiones de manglares en zonas como la Laguna Madre, el sistema lagunario de San Fernando, Soto la Marina y la región sur del estado, donde estos ecosistemas cumplen funciones ambientales fundamentales.
Además de capturar carbono, sirven como barrera natural contra huracanes, reducen la erosión costera, filtran contaminantes y funcionan como áreas de reproducción para peces, camarones y otras especies de importancia comercial.
“Cuando se protege un manglar no solamente se está conservando una especie vegetal, se está protegiendo una infraestructura natural que brinda servicios ambientales fundamentales para las comunidades costeras y para la economía regional”, señala Arellano Méndez.
LA OTRA PRADERA INVISIBLE BAJO EL MAR
Si los manglares son poco conocidos, los pastos marinos lo son aún más, bajo las aguas poco profundas del Golfo de México existen extensas praderas submarinas que funcionan como verdaderos pulmones marinos.
Estas plantas acuáticas producen oxígeno, estabilizan los sedimentos y capturan grandes cantidades de carbono atmosférico.
La Laguna Madre, considerada uno de los sistemas lagunares más importantes de América del Norte, alberga extensas áreas de pastos marinos que sostienen una enorme biodiversidad.
Miles de aves migratorias dependen de estos ecosistemas cada año, mientras que numerosas especies marinas encuentran refugio y alimento entre sus hojas.
Sin embargo, la contaminación, los cambios en la calidad del agua, el desarrollo costero desordenado y los efectos del cambio climático representan amenazas crecientes para su conservación.
UN ESCUDO FRENTE A FENÓMENOS EXTREMOS
El aumento de la temperatura global no solamente provoca olas de calor más intensas, también incrementa la frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos, una realidad que Tamaulipas ha experimentado con huracanes, tormentas e inundaciones cada vez más severas.
En ese contexto, los manglares actúan como una primera línea de defensa, diversos estudios internacionales han demostrado que estos ecosistemas pueden disminuir la fuerza del oleaje y reducir significativamente los daños provocados por tormentas y ciclones.
“La naturaleza ya desarrolló mecanismos muy eficientes para proteger nuestras costas, cada hectárea de manglar conservada representa una inversión en adaptación climática que beneficia a las generaciones presentes y futuras”, destaca el investigador.
LA BATALLA POR CONSERVARLOS
A pesar de su importancia, los especialistas advierten que la pérdida de manglares y pastos marinos continúa siendo una preocupación global.
La expansión urbana, los cambios de uso de suelo, la contaminación y algunas actividades productivas mal planeadas han contribuido a la degradación de estos ecosistemas.
Para los científicos, el reto no consiste únicamente en proteger lo que queda, sino en restaurar áreas deterioradas y fortalecer la conciencia ambiental de la población.
En el Día Mundial del Medio Ambiente, la reflexión resulta inevitable, mientras el planeta busca respuestas ante la crisis climática, parte de la solución ya existe en las costas tamaulipecas.
Bajo las raíces de un manglar y entre las praderas submarinas de la Laguna Madre se encuentra uno de los aliados más poderosos contra el calentamiento global, un aliado silencioso, pero indispensable para el futuro ambiental de Tamaulipas.







