Por: Lenin Nelson Rosales Córdova
A unas semanas de que termine el ciclo escolar 2025-2026, y tras las polémicas recientes en la Secretaría de Educación referente a adelantar el cierre del periodo escolar argumentando las altas temperaturas y que en algunas escuelas no contaban con la infraestructura adecuada para ventilar las aulas y con ello cuidar a los jóvenes, pero que en el fondo era para darle paso al mundial 2026, leí una nota periodística del pasado 6 de junio (https://oem.com.mx/) emitida por la Dirección de Educación del Municipio de Chihuahua, que indica que entre un 30 y un 40 por ciento de los jóvenes que terminan la preparatoria no logran ingresar a la universidad, y la principal razón es la falta de recursos económicos.
Lo anterior contrasta con la supuesta preocupación de la Secretaria de Educación de cuidar a los alumnos de las altas temperaturas, eso se pude solucionar si las autoridades lo quisieran, pero no lo hacen. Lo que realmente debería estar en la agenta del gobierno es atender los problemas generados por la pobreza, esos que llevan a miles de jóvenes a dejar la escuela para integrarse al campo laboral.
Y es que con frecuencia escuchamos discursos oficiales que hablan de avances en educación, de oportunidades para todos y de programas destinados a garantizar la permanencia de los estudiantes en las escuelas. Se presume la entrega de becas, se anuncian estrategias para localizar a quienes abandonaron sus estudios e incluso se realizan visitas domiciliarias para convencerlos de regresar. Sin embargo, la realidad demuestra que estas medidas, aunque pueden representar un apoyo temporal, no atacan el problema de fondo.
Cuando una familia enfrenta dificultades para conseguir alimentos, pagar medicamentos, cubrir el transporte o simplemente mantener un techo sobre sus cabezas, la educación deja de ser una prioridad inmediata. No porque los padres o los jóvenes no la valoren, sino porque la necesidad obliga a resolver primero aquello que permite sobrevivir. En estas circunstancias, muchos estudiantes se incorporan prematuramente al mercado laboral, aceptando empleos mal remunerados y con pocas posibilidades de crecimiento, mientras sus aspiraciones profesionales quedan archivadas indefinidamente.
La pobreza tiene la capacidad de condicionar cada aspecto de la vida de una persona. Determina qué se come, dónde se vive, qué atención médica se recibe y, lamentablemente, también define quién puede estudiar y quién no. Por eso resulta insuficiente pensar que el problema de la deserción escolar se resolverá únicamente entregando apoyos económicos aislados. Mientras millones de familias continúen viviendo en condiciones de precariedad, seguirá existiendo una enorme cantidad de jóvenes que verán cerradas las puertas de la educación superior.
Lo que ocurre en Chihuahua no es un caso aislado. Se trata de una realidad nacional que afecta a miles de estudiantes en todo el país. Cada ciclo escolar concluye con una generación de jóvenes que esperaba continuar su formación académica, pero que termina enfrentándose a una realidad económica mucho más fuerte que sus deseos de superación. Es una tragedia silenciosa que rara vez ocupa los titulares principales, pero cuyas consecuencias se reflejan en el desarrollo económico, social y cultural de México.
Un país que no logra mantener a sus jóvenes dentro de las escuelas está renunciando a una parte importante de su futuro. Cada estudiante que abandona sus estudios representa talento desaprovechado, capacidad productiva desperdiciada y una oportunidad menos para construir una sociedad más justa y desarrollada. Por eso la deserción escolar debe entenderse como un problema colectivo y no únicamente como una dificultad individual de quienes la padecen.
Esta situación la ha estudiado a fondo el Movimiento Antorchista Nacional (MAN) y ha propuesto soluciones reales (que ha materializado en todo el país) para hacer frente a esta terrible situación. Durante más de cinco décadas nuestra organización ha impulsado la construcción de escuelas de todos los niveles educativos, la creación de albergues estudiantiles y múltiples gestiones orientadas a que los hijos de las familias trabajadoras tengan acceso a una educación de calidad.
La experiencia demuestra que no basta con abrir espacios educativos; también es necesario crear condiciones para que los estudiantes puedan permanecer en ellos. Por ello, además de promover la educación académica, las escuelas impulsadas por Antorcha han procurado una formación integral que incluye la ciencia, el deporte y la cultura. Estos tres pilares son fundamentales para formar jóvenes capaces de comprender su realidad, desarrollar sus talentos y convertirse en ciudadanos comprometidos con la transformación de su entorno.
Estamos a unas semanas de que concluya el presente ciclo escolar y, con él, miles de jóvenes enfrentarán la incertidumbre de no saber si podrán continuar sus estudios. Sin embargo, es importante que sepan que existen espacios donde pueden encontrar apoyo y orientación.
La invitación está abierta para todos aquellos jóvenes que desean seguir estudiando y que enfrentan dificultades económicas para hacerlo. Acercarse a las escuelas y proyectos educativos impulsados por el Movimiento Antorchista puede representar una oportunidad para continuar su preparación académica y desarrollar plenamente sus capacidades. Del mismo modo, se invita a los padres de familia a conocer el modelo educativo que impulsa nuestra organización, un modelo que busca formar estudiantes con conocimientos científicos, sensibilidad cultural y disciplina deportiva, pero, sobre todo, hombres y mujeres que pongan su conocimiento a la liberación de su pueblo.







