#Opinión // La crisis educativa que el gobierno sigue maquillando

junio 11, 2026

 

Por: Pedro Martínez Coronilla

El discurso oficial insiste en que la educación es la prioridad nacional. Pero los números, esos que no se dejan seducir por las conferencias matutinas ni por los abrazos en lugar de balazos, vuelven a estremecer el tablero: durante el ciclo escolar 2024-2025, 994 mil 219 estudiantes abandonaron las aulas. Casi un millón de jóvenes y niños que, simplemente, dejaron de ir a la escuela.

No es un dato menor. Es, como bien lo señala Patricia Ganem, coordinadora de Educación con Rumbo, la prueba fehaciente de que “cualquier discurso oficial que pretenda ocultar la dimensión de la crisis educativa en México” se derrumba por su propio peso.

Sí, la cifra es ligeramente menor al millón 14 mil del ciclo anterior. Un respiro minúsculo que no debe confundirse con solución. La herida sigue abierta, y por ella se desangra el futuro del país.

El nivel medio superior es el eslabón más frágil: 30.9% de deserción nacional, lo que equivale a 307 mil jóvenes que truncan su camino justo cuando más necesitan herramientas para decidir su vida. Baja California, Colima, San Luis Potosí y Sinaloa encabezan esta dolorosa lista.

Pero el abandono no es parejo: en las comunidades indígenas y rurales, la escuela ni siquiera llega a existir como opción real.

Tomemos un dato lapidario: en educación primaria comunitaria, apenas el 0.3% de los planteles tiene electricidad. En secundaria, sube a 0.9%. Y ninguno, repito, ninguno, dispone de Internet ni de materiales adaptados para la diversidad cultural, lingüística o para estudiantes con discapacidad.

No se puede abandonar lo que nunca se tuvo. Pero sí se puede exigir que el Estado deje de simular.

El resultado de esta simulación es devastador: de cada 100 niños que entran a primaria, sólo 46 concluyen la educación superior. En Chiapas, el infierno es peor: apenas 10 de cada 100. Y en las pruebas PISA 2025 (aplicadas en 2024, cuyos resultados se consolidaron este año), México no pasó ningún criterio en matemáticas, lectura ni ciencias. Ninguno. Estamos, en términos educativos, en caída libre.

Como si faltara combustible para el fuego, la educación superior también está en la mira del ajuste. La Secretaría de Hacienda calificó como “lamentable error” el recorte al presupuesto de la UNAM y el IPN para 2025. Las protestas lograron que recularan y prometieran un incremento del 3.5%.

Pero la pregunta incómoda persiste: ¿fueron esos los primeros ensayos de una política sistemática de desfinanciamiento?

Aquí es donde la ficha de dominó se conecta con la economía. No es casualidad que la educación se desmorone mientras México crece al 0.1% en 2025 (Banco de México) y el economista Gerardo Esquivel afine el lápiz: “en el 2026 será del 0.0%, incluso con riesgo de contracción”.

Las amenazas arancelarias de Trump generan incertidumbre, se posponen inversiones, no se generan empleos y cada año se incorporan 800 mil mexicanos al mercado laboral sin suficiente demanda.

Esquivel tiene razón cuando advierte que no todo es culpa del exterior. La inseguridad, sobre todo la extorsión a pequeños negocios y el robo en carreteras, asfixia la inversión privada, que cayó 5%, mientras la inversión pública se desplomó 20% respecto al año anterior.

Repartir tarjetas ayuda, pero no combate la pobreza estructural. De hecho, los gobiernos de Morena no han alcanzado los niveles de reducción de pobreza del sexenio de Vicente Fox. Duele decirlo, pero los datos así lo demuestran.

Se requiere, entonces, un giro de 180 grados: una reforma fiscal progresiva, aumentos salariales significativos, inversión en vivienda, hospitales bien equipados y, sobre todo, presupuesto real para la educación. No ocurrirá mientras sigamos pensando que la escuela es un gasto y no la única inversión con retorno asegurado.

Necesitamos un proyecto de nación que impulse la creación de riqueza, que diversifique mercados y reduzca nuestra dependencia enfermiza de Estados Unidos.

Pero el éxito de esta tarea sólo será posible si el pueblo mexicano participa de manera organizada. Porque con discursos y ocurrencias de los gobiernos de la 4T, seguiremos siendo el país donde casi un millón de niños y jóvenes se pierden cada año.

Necesitamos una educación nacionalista para crear a nuestros científicos, para tener una tecnología propia y entonces si ser una nación libre y soberana, que distribuya mejor la riqueza entre todos los mexicanos.