#Opinión // El mundial de futbol ¿beneficio para quién?

junio 12, 2026

Por: Ramón Rosales Córdova

El Mundial de Futbol 2026, el gobierno federal, estatales y municipales continúan presentando este evento como una gran oportunidad para México. Los discursos oficiales hablan de derrama económica, turismo, inversión extranjera y modernización de las ciudades sede. Sin embargo, detrás de la propaganda existe una realidad que millones de mexicanos viven todos los días y que difícilmente aparecerá en las difusiones internacionales, la falta de vivienda, la escasez de agua, el deterioro del transporte público, las pensiones insuficientes y la dolorosa crisis de desapariciones que golpea a miles de familias. No es casualidad que colectivos de familias buscadoras, organizaciones civiles estén aprovechando la atención internacional que recibirán Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara para denunciar problemas que durante años han permanecido sin solución. Mientras las autoridades concentran recursos y esfuerzos en garantizar que el Mundial sea un éxito para la FIFA, las grandes empresas y los grupos económicos que harán negocios durante el evento, millones de trabajadores siguen esperando respuestas a necesidades mucho más urgentes.
La contradicción es evidente. Para la organización de un espectáculo deportivo internacional aparecen recursos para remodelar estadios, rehabilitar zonas estratégicas y mejorar la imagen urbana de las ciudades sede. Pero cuando las familias solicitan vivienda digna, agua potable, transporte eficiente o atención a las víctimas de desaparición, la respuesta suele ser que no hay presupuesto suficiente. Esta situación deja al descubierto cuáles son las verdaderas prioridades de quienes gobiernan. Lo que ocurre alrededor del Mundial no es un hecho aislado. Es una expresión de las contradicciones del sistema económico en que vivimos, donde las necesidades de la mayoría son subordinadas a los intereses de una minoría que concentra la riqueza y el poder. Las ganancias terminan en manos de grandes empresarios, cadenas hoteleras y corporaciones, mientras quienes generan la riqueza con su trabajo diario continúan enfrentando salarios insuficientes y servicios públicos deficientes. Por eso las manifestaciones que acompañan la llegada del Mundial no deben verse como intentos de empañar una fiesta deportiva. Son expresiones legítimas de la clase trabajadora que buscan visibilizar problemas que afectan a millones de mexicanos. Son voces que recuerdan que detrás de los estadios llenos y de los espectáculos masivos existe un pueblo que sigue esperando justicia y mejores condiciones de vida.
Frente a esta realidad, los trabajadores, estudiantes, campesinos y sectores populares no pueden permanecer como simples espectadores. La historia demuestra que ninguna transformación profunda ha sido producto de la buena voluntad de quienes detentan el poder. Los avances sociales siempre han sido resultado de la organización y la lucha colectiva. Por ello, la tarea sigue siendo fortalecer la organización popular, elevar la conciencia política y construir la unidad ideológica de quienes viven de su trabajo. Sólo un pueblo organizado puede defender sus intereses y transformar las condiciones en que vive. El Mundial pasará, las luces de los estadios se apagarán y las ganancias quedarán en manos de unos cuantos, pero los problemas del pueblo permanecerán. La solución no vendrá de quienes han puesto los intereses de las élites por encima de las necesidades populares, sino de la capacidad del pueblo trabajador para organizarse y luchar unido por una sociedad más justa.