Por: Euribiades García
Los fenómenos sociales, políticos, jurídicos e ideológicos, no son más que las manifestaciones, la forma adquirida en esos ámbitos, de lo que sucede en la estructura de la sociedad, es decir, en el ámbito económico que se refiere tanto a la producción, como a la distribución y consumo de los satisfactores de necesidades humanas, provengan éstas del estómago o de la fantasía, como sostuviera Carlos Marx.
Por lo tanto, desde mi punto de vista, la explicación de lo que ocurre en el mundo, en el que el gobierno (no su pueblo ni las grandes masas) de un solo país, agrede a otros países, viola el derecho internacional, usa la fuerza para someter y pisotea olímpicamente los derechos humanos de sus ciudadanos y los de la humanidad entera; impone su dictadura descarada (y vaya que eso si es verdadera dictadura de unos pocos contra todos) deshaciendo democracias, pisotea la soberanía de países y atenta contra la libertad y la paz en el planeta entero, sea en tierra firme o alta mar, dejando en claro que no es en aras de valores superiores sino del vil interés económico. La práctica ocurrida en estos días, pues, echa por tierra la “existencia” de metas sublimes abstractas enarboladas por los poderosos para engañar a los débiles y ganar aliados entre los ingenuos, como la predicada razón universal y otras categorías propias de la sociología subjetiva, tales como “Democracia”, “Derechos humanos”, “Libertad”, “Justicia” vaciadas de contenido concreto para convertirse en conceptos manejables a su antojo.
Ahora se nos muestra de frente la imposición sistemática del poder basado en la fuerza, tanto económica, tecnológica e incluso militar, para someter y explotar a sus anchas a las mayorías (de población y de países) los cuales son gigantes por su número y extensión, pero débiles por su desunión fruto de su falta de politización y un dominio más eficaz de la ciencia social o Materialismo histórico dialéctico.
Ante los graves peligros y asechanzas del poder casi absoluto de unos cuantos que se han tragado económicamente al mundo mediante sus monopolios y su poderoso capital financiero, el cual ante lo inexorable del desarrollo que nunca se detiene en todos los órdenes de la realidad, incluido el económico, ahora, para sostenerse en la cúspide, los llamados milmillonarios esa minúscula élite de unos cuantitos que concentran y acapara la riqueza casi de manera total producida en el mundo, y convertidos en verdaderas sanguijuelas de éste, como ya no se justifica económicamente su existencia mediante relaciones de producción establecidas por el capitalismo en sustitución de las de servidumbre por el desarrollo de las fuerzas productivas, ahora estas fuerzas caracterizadas por un innegable avance tecnológico y la productividad del trabajo a niveles que necesitan otras relaciones sociales de producción que permitan el avance y desarrollo de la sociedad en general. Es más, el hecho de que ahora pueda percibirse por las masas claramente lo injusto e irracional del modo de producción que pretende mantenerse por medios extraeconómicos, refleja que el fenómeno en lo económico ha dejado de ser necesario, y que está llamando a su puerta otro modo acorde con las nuevas circunstancias. Y como señala Engels al precisar el significado del método dialéctico de Hegel, el fenómeno nuevo sólo sustituye al viejo por la fuerza cuando este se resiste a ceder su lugar. A mi juicio estamos presenciando el imperialismo, innecesario e irracional, resistiéndose ante la nueva realidad a ceder su lugar, a costa, incluso, de una hecatombe nuclear, a un necesario mundo de paz y desarrollo compartido, multipolar.
Y si esto es así, a los mexicanos nos cabe, en primer lugar, prepararnos para evitarlo inteligentemente y en la medida de lo posible, en nuestra patria; por el bien de nuestros hijos, porque no tenemos otro suelo. Pero para eso hay que hacernos claridad, pues la verdad es, en todo caso, desde mi opinión, la realidad reflejada fielmente en el pensamiento del hombre, y con un análisis verdadero se alcanza cierto grado de predicción de lo que ocurrirá en un futuro más o menos próximo. Por eso dice la sabiduría popular que, si ves a tu vecino rasurar pon tus barbas a remojar. Así, aunque haya quien piense, e incluso diga abiertamente, que una intervención directa del imperio en nuestro país sería beneficiosa para los mexicanos, eso no es cierto. Una conclusión a favor de la intromisión extranjera directa, se basa en falsas premisas, en falta de rigor lógico, cuando no, en intereses mezquinos y bastardos, enarbolados por gente cegada por el individualismo, el supremacismo y la prepotencia de los poderosos que se sienten dueños de todo, los cuales inducen a error a gente incluso de buena fe.
Sin embargo, no nos confundamos, creo yo que lo necesario es a forjar la verdadera unidad del pueblo, es decir la organización popular auténtica, pero guiada por una teoría científica. Sí, debemos unirnos todos los mexicanos, cuando menos los patriotas, pero a mi juicio, en torno a la organización auténtica del pueblo, de los trabajadores que, como dijo Salvador Díaz Mirón: enseñan al prócer “con noble orgullo cómo se cumple con el deber…” Es decir, no deberíamos quedarnos con lo que tenemos actualmente porque no estamos bien y lo sabe todo mundo, pero tampoco regresar a lo de antes porque de allí venimos y así nos fue, y mucho menos voltear a la extrema derecha, enemiga de todas las libertades posibles como lo registra la historia, incluso reciente, que estamos viendo por ejemplo en los propios EE.UU. La salida pues, el avance, está hacia adelante, con la organización de los pobres. Con Antorcha. Y el tiempo apremia, ya que la realidad avanza a pasos agigantados, y como dijo Cervantes en el Quijote: “En la tardanza está el peligro”.







