** El semáforo en rojo, una oportunidad de trabajo, la venta ambulante se consolida en cruceros de Durango
Durango, Dgo. – En distintos cruceros de la ciudad, cuando el semáforo cambia a rojo, comienza una dinámica que para muchos ya es parte del paisaje urbano. En cuestión de segundos, hombres y mujeres se acercan a los vehículos para ofrecer productos o servicios, aprovechando el breve lapso en que el tráfico permanece detenido.
Se trata de una escena cotidiana que refleja tanto el ingenio como la necesidad de quienes buscan obtener ingresos en medio de la vialidad. Entre los trabajadores informales se encuentran vendedores de flores que cargan ramos coloridos, comerciantes de globos que destacan por sus figuras llamativas, y personas que ofrecen fruta picada lista para consumir. A ellos se suman quienes venden dulces y semillas, recorriendo los carriles con bolsas en mano mientras intentan captar la atención de los automovilistas antes de que la luz cambie a verde.
Además de la venta de productos, también están quienes ofrecen servicios rápidos. Los limpiaparabrisas se acercan con escurridores y botellas de agua para retirar el polvo acumulado en los cristales, mientras que otros, con una franela en mano, limpian cofres o ventanas laterales esperando recibir una moneda a cambio. Todo ocurre en cuestión de segundos, en un entorno donde el ruido del tráfico y la prisa forman parte del escenario diario.
Para el Movimiento Antorchista, esta estampa no es solo un asunto de supervivencia individual, sino la consecuencia directa de décadas de políticas económicas que han fracasado en garantizar empleos formales y bien remunerados para los duranguenses.
Esta falta de oportunidades es lo que orilla a cientos de familias a buscar ingresos en las calles, enfrentándose no solo a las inclemencias del tiempo, sino también a los riesgos viales y, en muchos casos, al hostigamiento de las autoridades.
La organización política ha señalado que la informalidad laboral es un problema estructural que afecta principalmente a los más pobres. Mientras los automovilistas esperan la luz verde, los trabajadores informales aprovechan ese instante para obtener el sustento diario, una dinámica que Antorcha ha calificado como “un grito de auxilio de un pueblo que no encuentra cabida en el modelo económico actual”.
La presencia constante de personas caminando entre vehículos detenidos implica riesgos tanto para ellos como para los conductores. Sin embargo, mientras el semáforo continúe marcando el ritmo en cada cruce, estos trabajadores seguirán encontrando en el alto momentáneo una oportunidad para sostener su economía.







