Por: Carlos Martínez Leal
Nunca la tormenta había sido tan fuerte, pues a pesar de que la historia de la humanidad registra la pérdida de hombres, mujeres, familias enteras, como el caso de la Primera Guerra Mundial, donde murieron 20 millones (m) de personas, la segunda guerra con 75(m) y las 140 mil que mató Estados Unidos al soltar la bomba atómica en Hiroshima. Esos eran tiempos de guerra.
Ahora no es la misma situación, ¡No estamos en tiempos de guerra!, por lo menos no declarada. Sin embargo, con “la transformación de La Guerra Convencional” -hecha por el imperialismo encabezado por Estados Unidos- en La Guerra -de las naciones poderosas- Contra “El Terrorismo”, se han matado a millones de personas y, destruido en unas arrasadas sus ciudades en lo que va de este cuarto del Siglo XXI. (Veamos)
El genocidio de Ruanda, murieron 3(m); El ataque a Siria, 614 mil muertes, y destrucción de sus ciudades; Afganistán, 929 mil muertos; Libia, 30 mil muertes; Irán 1.300 (m) muertos; Palestina, más de 75 mil muertes y arrasada su ciudad, a esto se vino a sumar en el año 2020 la pandemia del COVID-19, que en tres años mató a 15(m).
En el conflicto Ucrania-Rusia han muerto, en cuatro años, más de 2(m), pero lo tratamos aparte de la lista anterior, porque la desinformación del aparato de comunicación del bloque agresor, “El Imperialismo de Estados Unidos y Europa a través de la OTAN, dicen que Rusia invadió Ucrania. Sin embargo, Rusia es quien, no sólo se está defendiendo de los mismos que la han querido siempre someter.
Es también quien ha cobijado y ayudado a los estados ucranianos, que ante la destrucción de que eran objeto por Vladimir Zelenski -impuesto por un golpe de estado que ya tratamos en colaboración anterior- a proteger su decisión de independizarse, para proteger a sus ciudadanos, su patrimonio y su cultura, amenazada por el Nazifacismo, promovido por Estados Unidos y Europa.
Ya hemos dicho que esto es producto de que el sistema capitalista está en decadencia y su fase imperialista terminal; La Globalización del capital que ya no produce, si no que, especula: El Capital Financiero. Esta en una profunda e irreversible crisis. La crisis del capital Financiero, continua con la misma receta: lleva a su rescate con el uso de la guerra, para la extracción de los recursos y materias primas de los pueblos sometidos. Una guerra inimaginable, hace unos años, La Guerra del Fin del Mundo.
Esta tormenta se ve aumentada por el gran avance científico y tecnológico alcanzado por el hombre: con armas de destrucción manejadas desde el confort del cuartel, grandes fábricas, industrias que ya no utilizan mano de obra, fuerza de trabajo asalariada, ahora son máquinas, robots, inteligencia artificial (IA).
Lo paradójico es que todo esto lo ha construido el hombre para su beneficio, pero al continuar los medios de producción en manos de unos cuantos, la producción está destruyendo a su creador: el obrero. Crece el desempleo y aumenta el empleo informal a nivel mundial y, lo mismo sucede en el país.
La guerra resuelve temporalmente el problema del pequeño grupo de Oligarcas imperialistas, que no sacian su sed de ganancia, aunque en ello les vaya la vida. Pero el obrero del pueblo trabajador se ve profundamente afectado al deteriorarse su salario, perder su empleo y con ello el bienestar de su familia.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT), en su informe, “Tendencias Sociales y del Empleo 2026 en el Mundo”, informa que: Crece el número de trabajadores cuyo ingreso no alcanza para mantener a su familia, a lo que le llama Pobreza laboral, que en la realidad es pobreza extrema: el ingreso laboral no le alcanza para comprar la canasta básica. 300(m) de trabajadores ganan menos de 3 dólares diarios.
El desempleo tiene a 186 millones desocupados, avanzando la informalidad con 2(m) 100 trabajadores, los más afectados con esta situación son los jóvenes y las mujeres. Como decíamos, la tecnología está sustituyendo con robots y con la inteligencia artificial (IA) a el obrero, aunado a ello la guerra comercial, afectando 465(m) que depende del comercio internacional.
En nuestro país el desempleo tiene a más de 2(m) desocupados, y de los 59(m) de personas ocupadas, más de la mitad, 33(m), se desempeñan en la informalidad, una tasa del 55%. Son más de 10(m) de jóvenes de (15-29 años) sin empleo, sin estudio. El desempleo juvenil es casi el doble que el promedio nacional. (INEGI, enero, 2026).
Esta es la tormenta que vive el Mundo, nuestro continente, nuestro país, nuestro pueblo. Hoy más que nunca, la humanidad entera necesita una luz que ilumine el camino, una luz que señale el puerto seguro, una luz que le de esperanza a los miles de millones de gente empobrecida, a pesar de que el hombre como especie haya llegado al Siglo XXI.
Necesitamos ¡UN FARO!







