Coahuila. El crecimiento de las ciudades en Coahuila ha sido constante en los últimos años, pero no siempre equilibrado. En lugares como Saltillo y Torreón, la expansión urbana ha dado lugar a nuevas colonias que, aunque representan desarrollo, también evidencian un problema social cada vez más visible: el abandono en las zonas periféricas.
Cada vez es más común encontrar sectores habitacionales alejados de los centros urbanos, donde la vida diaria implica largos traslados, dificultades de acceso y una desconexión con las principales actividades económicas y sociales de la ciudad. Para muchas familias, vivir en estas zonas significa invertir más tiempo y dinero simplemente para trasladarse a trabajar, estudiar o realizar actividades básicas.
A esto se suma la falta de condiciones adecuadas en algunos espacios. Calles sin pavimentar, iluminación limitada o acceso complicado al transporte son parte de una realidad que afecta directamente la calidad de vida de quienes habitan estas áreas. No se trata solo de infraestructura, sino de cómo estas carencias influyen en la seguridad, la salud y las oportunidades de desarrollo.
El problema también tiene un impacto social más profundo. La distancia física se traduce en aislamiento: menos convivencia comunitaria, menor acceso a actividades culturales y recreativas, y una sensación constante de estar “fuera” de la ciudad, aun formando parte de ella.
Especialistas en desarrollo urbano han señalado que este tipo de crecimiento genera desigualdad, ya que no todas las zonas avanzan al mismo ritmo. Mientras algunas áreas concentran servicios, empleo y movilidad, otras quedan rezagadas, creando una brecha cada vez más marcada dentro de una misma ciudad.
Además, este modelo de expansión puede volverse insostenible. A medida que las ciudades crecen hacia las orillas, aumentan las distancias, el uso de transporte y el desgaste diario de la población, lo que impacta tanto en el bienestar físico como emocional de las personas.






