#Opinión // Ni flores ni discursos: las madres mexicanas merecen justicia, no caridad

mayo 14, 2026

Por: José Emilio Soto

Cada 10 de mayo, México se viste de flores, serenatas, desayunos escolares y discursos lacrimógenos. Las madres son el centro de la celebración nacional. Los gobernantes se turnan para elogiar su entrega, su sacrificio y su amor incondicional. Los medios comerciales inundan los espacios con ofertas y promociones.

Pero hay una verdad incómoda que nadie quiere ver: para millones de mujeres, el 11 de mayo todo vuelve a ser exactamente igual. Pobreza, violencia, abandono, explotación laboral e indiferencia oficial. Esa es la otra cara del Día de las Madres.

El Movimiento Antorchista Nacional, lleva décadas denunciando esta hipocresía estructural, pero que no solo se queda en las palabras. Por ello trabaja los 365 días del año llevando mejoramiento de vivienda, empleos temporales, becas educativas y comedores comunitarios a los hijos de las madres mexicanas, especialmente a aquellas que más lo necesitan.

Pero lo que hace una organización no puede sustituir las obligaciones del Estado. Y es precisamente el Estado mexicano, en sus tres niveles, el principal responsable de esta realidad insostenible.

La situación económica de las madres trabajadoras en 2026 es alarmante; en febrero de 2026, la línea de pobreza por ingresos en zonas urbanas se ubicó en 4,877.87 pesos mensuales por persona. Eso significa que una madre con dos hijos necesitaría más de 14 mil pesos al mes solo para no ser considerada pobre por ingresos.

El salario mínimo, por mucho que se haya incrementado en los últimos años, sigue siendo insuficiente. Y eso sin contar los efectos acumulados de la inflación en productos básicos como leche, huevo, tortilla y frijol.

El CONEVAL ha advertido que más de 76 millones de mexicanos padecen algún tipo de carencia alimentaria. Para una madre trabajadora, esa cifra no es un número: es la angustia diaria de no saber si sus hijos comerán al día siguiente.

Peor aún, programas que aliviaban esa carga, como los comedores comunitarios y las escuelas de tiempo completo, fueron cancelados en administraciones pasadas, bajo el argumento de austeridad. Esa austeridad la pagan hoy las madres que deben elegir entre trabajar o cuidar a sus hijos.

Los datos más recientes del INEGI, provenientes de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024, son devastadores. La brecha salarial entre hombres y mujeres en México alcanza el 35 por ciento. Las mujeres ganan en promedio 7,905 pesos mensuales, mientras que los hombres perciben 12,016.

En otras palabras, por cada peso que gana un hombre, una mujer recibe apenas 65 centavos, esta diferencia no se explica por falta de preparación: las mujeres tienen, en promedio, mayor nivel educativo que los hombres, la razón es otra: el trabajo doméstico no remunerado, la penalización por maternidad y la segregación laboral hacia empleos informales y peor pagados.

En 2026, la informalidad laboral afecta al 54.8 por ciento de las personas ocupadas en México. De los 24.5 millones de mujeres que tienen un empleo, la mayoría trabaja sin contrato, sin seguridad social, sin guarderías, sin prestaciones de maternidad.

Las empleadas del hogar, siguen siendo la mano de obra más barata y desprotegida del país, muchas de ellas trabajan 12 horas al día por menos del salario mínimo, sin acceso a la salud y con la amenaza constante del despido.

Frente a esta realidad, 29.8 millones de mujeres ni siquiera participan en el mercado laboral. No porque no quieran, sino porque el sistema económico las ha condenado al trabajo doméstico no pagado.

Son ellas quienes cuidan a los niños, a los ancianos, a los enfermos. Son ellas quienes sostienen la vida cotidiana de millones de familias sin recibir un solo peso a cambio. Y lo peor es que ese trabajo ni siquiera es reconocido como trabajo.

Todo esto no ocurre por casualidad, México funciona bajo un modelo económico capitalista, patriarcal y rapaz, un modelo que necesita mano de obra barata, sumisa y desprotegida: y la encuentra en las mujeres.

Oxfam México actualizó recientemente su informe sobre desigualdad: seis personas concentran la misma riqueza que la mitad más pobre del país. Esa es la lógica del capitalismo salvaje: unos pocos acumulan, mientras millones sobreviven.

Y en medio están las madres solteras, las indígenas, las trabajadoras del hogar, las vendedoras ambulantes, las jornaleras agrícolas. Todas ellas merecen algo más que un ramo de flores un día al año.

Celebrar a las madres está bien, pero no basta; No basta con flores, discursos emotivos y regalos de temporada. Hace falta justicia social verdadera: empleo digno con salarios equitativos, guarderías universales y gratuitas, escuelas de tiempo completo en todo el país, combate real a la violencia contra las mujeres, políticas públicas de cuidados compartidos, y un cambio profundo del modelo económico.

Mientras una madre gane 35 por ciento menos que un padre por el mismo trabajo, mientras 29.8 millones de mujeres queden fuera del mercado laboral por tareas de cuidado no reconocidas, mientras 130 mil personas sigan desaparecidas, el 10 de mayo será solo una pastillita de muy poco efecto, tal como lo definió el Ing. Aquiles Córdova Moran, fundador del Antorchismo: un analgésico momentáneo que no cura la enfermedad de fondo.

Invito a todas las mujeres valientes de este país, a las madres buscadoras, a las madres solteras, a las que trabajan en la informalidad, a las que no alcanzan la canasta básica, a las que son víctimas de la violencia institucional, a no conformarse con un día de fiesta, organicémonos, exijamos igualdad salarial real, políticas públicas de cuidados compartidos, justicia contra los feminicidios y desapariciones, y un modelo económico que ponga en el centro a las personas, no al capital.

El Movimiento Antorchista Nacional ha demostrado que la organización popular es el único camino. La hora en que el pueblo tome su destino en sus propias manos se acerca.