#Opinión // Con muros y cortinas de humo, Morena quiere tapar la cruda realidad

mayo 15, 2026

Por: Pedro Pérez Gómez

Atraso educativo, inseguridad y pobreza

La educación en nuestro país perdió la importancia que tenía en gobiernos anteriores a 1982, año en que se implantó el neoliberalismo en México. A partir de este momento, la educación dejó de ser un derecho para todos los mexicanos, como lo dice nuestra Carta Magna; ahora es solo una mercancía, digan lo que digan las autoridades federales como Mario Delgado.

El Estado ha abandonado muy calculadamente esta tarea. El presupuesto destinado a la educación es cada día menor; los salarios casi son los mismos y, para evitar que se manifiesten los maestros durante el Mundial de Futbol, les tienden una trampa al cambiar aumento salarial por vacaciones. El fondo del problema es que no se tienen los recursos para pagarles. La salida “mágica” al problema la encontraron dando más vacaciones; entre comillas benefician a los maestros a costa de la educación de los jóvenes estudiantes.

Sin trabajo y sin un mejor salario, el resultado es más atraso educativo y más abandono de las aulas. Se sabe que de cada 100 alumnos que ingresan a la primaria, solo 21 terminan la universidad, cuatro estudian una maestría y uno cursa un doctorado. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, en nuestro país hay 27 millones 233 mil 798 personas en rezago educativo, equivalente al 26% de la población mayor de 15 años. Existen 3.9 millones de analfabetas, 7.4 millones no tienen la primaria terminada y 15.8 millones cuentan con secundaria trunca.

Los estados más atrasados son Chiapas, con más de 1.8 millones de personas, es decir, el 44.9% de su población; o sea, casi la mitad tiene atraso educativo. Le sigue Michoacán con el 40%, Guerrero con el 39%, Oaxaca con el 37.3% y Veracruz con el 36%.

Lo sorprendente es que el fin de semana pasado el titular de la Secretaría de Educación Pública anunció vacaciones por tres meses, levantando protestas a nivel nacional. Ahora sí, como dice el dicho popular: “están viendo la tempestad y no se hincan”.

Por si fuera poco, este año nuestra economía no creció; llevamos más de siete años empantanados. Además, seis de cada diez habitantes consideran inseguro vivir en su ciudad. En nuestro país se registran 132 mil 534 personas desaparecidas. Por otro lado, la pobreza en México es un fenómeno que ha persistido durante décadas, afectando a millones de personas en el país. Nos falta agua potable, trabajo, vivienda y salud; y, para rematar, enfrentamos un gran atraso en la educación.

Antes se decía que deberíamos plantearnos qué enseñarles a los niños y cómo enseñarles. Este año las cosas se pusieron color de hormiga y ahora el problema es que no se dan clases. Las consecuencias de esta situación serán graves. El daño repercutirá gravemente en la formación y en la economía; traerá consecuencias sociales que dañarán a las futuras generaciones.

El gobierno federal está dañando la preparación de las futuras generaciones, incumpliendo sus promesas y su eslogan de que para ellos “primero los pobres”. Mienten. Incumplieron lo que decían hacer en la educación; prometieron una educación popular. Pero, compañeros y amigos, no basta educar a nuestros hijos para servir al gran capital, formando hombres pobres económicamente y además ideológicamente aburguesados.

La estrategia de los funcionarios de la Secretaría de Educación Pública está equivocada; está al servicio de las grandes empresas en favor del gran capital. Está cuidando el bolsillo de los diez megamillonarios que gobiernan México, mientras que cerca de 130 millones de pobres se debaten entre la pobreza y la ignorancia.

Las cosas están mal. La problemática educativa es grave y, como parte de un todo más complejo, no puede resolverse exclusivamente en el estrecho ámbito escolar. Las escuelas pertenecen a un pueblo con alto grado de inseguridad y con pobreza extrema, factores que hacen que muchos jóvenes no quieran estudiar porque tienen hambre; prefieren trabajar para sostenerse ellos y a su familia.

El gobierno debería preocuparse por impulsar el desarrollo integral del país y no buscar beneficiar a unos cuantos empresarios que se dedican al negocio del futbol.

Lejos de sacrificar la educación y el futuro de nuestro país, deberían abogar por una educación integral —académica, cultural, deportiva y crítica— que fomente el amor a la patria y combata la crisis estructural del sistema educativo mexicano, con escuelas dignas, infraestructura adecuada y educación de calidad, y no estar preocupados por ver cómo suspenden clases.