Por: Euribiades García
Vuelve a ponerse en el centro de la conversación el tema educativo, más por los desatinos y yerros de las autoridades en la materia, que por su actitud errática (de a veces sí y luego que mejor no, a semejanza del borracho que no puede conservar la vertical).
Cabe mencionar, antes de entrar en materia, que lo de los extremos calores pronosticados para este año son muy reales, pero es necesario aclarar en aras de la verdad que tal hecho no es un fenómeno meramente “natural” sino provocado por la sociedad consumista en que vivimos, más concretamente, por el sistema económico capitalista que con tal de acumular riqueza mediante la incesante ganancia salida de la explotación de la mano de obra barata de los trabajadores en general, así como de la explotación irracional de los recursos naturales (hasta del agua que se está agotando ya de manera evidente o de los bosques de los que quedan muy pocos), y del aire, emitiendo contaminantes de efecto invernadero a la atmósfera terrestre que tiene a toda la tierra casi hirviendo. Aunque los ricachones del mundo nieguen el cambio climático que ellos han provocado para su beneficio particular. Lo de las altas temperaturas pues, es una realidad, pero será lo mismo en las casas que en las escuelas, sobre todo, si son pobres.
Lo del mundial, ese circo monumental que sirve para entretener a las grandes masas y alejarlas de la realidad cotidiana así como para allegarle más recursos a los que de por sí ya tienen bastantes mientras se exprime hasta la última gota a los que de por sí ya nada tienen, también es una realidad: requiere de mucha audiencia para poder vender todo tipo de mercaderías, aunque muchas no sirvan para nada útil, pero dejan jugosas ganancias a los empresarios de todos los ramos, como los del entretenimiento, que es lo que realmente les importa y para lo cual, el propio gobierno contribuye con su granito de arena. Al fin y al cabo para eso es gobierno, para representar los intereses de los poderosos, pues eso y no otra cosa significa la democracia burguesa (llamada así desde que la burguesía tomo el poder político instaurando su democracia, cuyo modelo fue la revolución francesa del Siglo XVIII), para eso está pensada y diseñada; para servir a los intereses de la clase dominante, no de las clases oprimidas.
Y en una democracia así, sólo para las minorías con poder, la educación de las grandes masas no importa mucho; basta con que éstas sólo sepan leer y escribir lo elemental para que puedan acatar las instrucciones y sepan manejar las máquinas que el capital pone en sus manos para producir las mercancías. Por eso es una contradicción sólo aparente el hecho de que por un lado se incluya la educación secundaria en el nivel de educación básica, indispensable, y que, por otro, se actúe con desdén ante la calidad educativa y la necesidad de técnicos y científicos capaces de poner de pie la producción tecnológica y de alimentos indispensables que nos vuelva auto suficientes en todos los ámbitos como nación: somos un país capitalista, sí, pero atrasado, sub desarrollado y, por tanto, también subordinado a las decisiones del gran capital que en su mayoría es extranjero y viene de las metrópolis imperialistas, las cuales, desde luego, no quieren competencia en ninguno de los terrenos.
Así se explica, desde mi punto de vista, que a las autoridades les sea indiferente completar el ciclo escolar o no; que al fin y al cabo seguirá habiendo mano de obra suficiente y barata disponible para el uso del gran capital; incluso hasta de sobra con la cual acrecentar el ejército industrial de reserva tan útil para mantener bajos los salarios de los pobres que si cuentan con un empleo formal aunque sea mal remunerado, pero estable y con ciertas prestaciones.
Así que, bien visto el problema, el fondo no es otro que el sistema económico en el que vivimos, pues como ha sostenido la ciencia del Materialismo Histórico, las relaciones de producción constituyen la estructura de toda sociedad, y todas las demás relaciones sociales están determinadas, en última instancia por aquellas; es decir que por muy importantes y decisivas que puedan ser, por ejemplo las relaciones jurídico-políticas en un momento dado, estarán determinadas siempre, y podrán ser explicadas, en última instancia, por aquellas. A querer, o no.








