#Opinión // Prisa para el mundial, colonias en el abandono

junio 19, 2026

Por Ramón Rosales Córdova

Las lluvias que han golpeado a la Ciudad de México y a Nuevo León volvieron a dejar claro algo que los gobiernos no quieren decir, los desastres naturales no afectan a todos por igual. La lluvia cae sobre todos, sí, pero no es lo mismo verla desde una casa segura, con drenaje y calles pavimentadas, que vivirla en una colonia donde el agua se mete por la puerta, donde el transporte deja de pasar, donde las avenidas se vuelven ríos y donde una familia puede perder su patrimonio en unas pocas horas lo que le costó acopiar en años. Para la clase trabajadora, una tormenta no es solo una lluvia copiosa en escaso tiempo, tráfico o verdaderos molestares adicionales como la inundación en x colonia, calle avenida etc. Es llegar tarde al empleo y que le descuenten el día. Es caminar entre aguas negras para ir a trabajar. Es ver cómo se mojan los muebles, la ropa, los útiles de los hijos. Es enfermarse y no tener dinero para atenderse. Es esperar a que el gobierno aparezca cuando ya pasó lo peor, con una visita rápida, una foto y alguna promesa que después se olvida.
En la Ciudad de México se repiten los encharcamientos, las vialidades colapsadas y las colonias afectadas. En Nuevo León pasa lo mismo, un estado que presume crecimiento, industria y modernidad, pero que basta una lluvia fuerte para mostrar sus drenajes insuficientes, sus calles mal hechas y sus colonias abandonadas. Nos hablan de progreso, pero ese progreso no llega a donde vive el pueblo que todos los días sostiene la economía con su trabajo. Y mientras estas necesidades siguen sin resolverse de fondo, los gobiernos parecen tener otra prioridad, el Mundial de futbol. Para eso sí hay presupuesto, reuniones, planes de movilidad, seguridad, remodelaciones, promoción turística y discursos sobre la “derrama económica”. Pero, ¿a quién le va a quedar realmente esa ganancia? No será al obrero que no puede pagar un boleto. No será a la madre de familia que perdió sus cosas por una inundación. No será al estudiante que camina entre lodo para llegar a la escuela. El Mundial, aunque lo quieran vender como fiesta popular, es un evento privado que utiliza recursos públicos para enriquecer a los mismos de siempre, empresas, hoteles, marcas, televisoras, constructoras y patrocinadores.
Ahí está la contradicción. Para lucir bien ante los extranjeros sí hay prisa. Para las colonias pobres, siempre hay excusas. Cuando se trata de atender compromisos con empresarios, todo se mueve rápido; cuando se trata de drenaje, pavimento, vivienda, transporte y servicios básicos, entonces dicen que no alcanza, que se está revisando, que hay que esperar. El problema no es la lluvia. El problema es un sistema que abandona al pueblo y luego le piden paciencia. Por eso la solución no puede ser esperar a que los de arriba cambien solos. La única salida verdadera está en la organización del pueblo trabajador, unido bajo un mismo ideal, con claridad y fuerza para exigir lo que le corresponde.
Eso es lo que promueve el Movimiento Antorchista, que el pueblo deje de estar disperso, que estudie, que se organice y lo más importante que de la lucha por mejorar sus condiciones de vida. Porque solo un pueblo organizado puede obligar a que el presupuesto público se use primero en resolver las necesidades de quienes trabajan, producen y sostienen al país. Mientras el pueblo siga disperso, separado, las prioridades las van a decidir los ricos. Pero cuando el pueblo, la clase trabajadora se una, organice y eduque, desde aquí podrá cambiar su realidad para ya no solo sufrir los desastres: empezara a construir la fuerza capaz de cambiar su entorno de forma inmediata, mediata y tardía. Una realidad que dignifique su diario vivir.