Por: Marco Antonio Martínez Soto
Hace más de dos décadas, cientos de familias de Ciudad Juárez que carecían de una vivienda propia decidieron organizarse en las filas del Movimiento Antorchista en Chihuahua para gestionar terrenos donde pudieran construir un patrimonio para sus hijos. En aquellos años, la falta de oportunidades, los bajos salarios y el elevado costo de las rentas obligaban a numerosas familias a vivir en condiciones precarias, sin la posibilidad de acceder a una casa digna.
La lucha organizada dio frutos. Después de años de gestiones, reuniones, marchas y constantes negativas por parte de las autoridades en turno, las familias lograron obtener los terrenos que tanto necesitaban. Hoy, más de 150 familias cuentan con una vivienda digna y con acceso a servicios básicos como agua potable, energía eléctrica, drenaje y calles urbanizadas. Lo que comenzó como una necesidad urgente se convirtió en una realidad gracias a la perseverancia de quienes no abandonaron la lucha. Una de las fundadoras de este movimiento social es la señora Ana Martina Ruiz, vecina de la colonia Plutarco Elías Calles, quien comparte su experiencia después de más de veinte años de trabajo y organización.
Señora Ana, platíquenos cómo nace la lucha por la formación de la colonia Plutarco Elías Calles.
En aquel entonces éramos cientos de familias que no contábamos con una vivienda ni con un terreno propio. Tampoco teníamos los recursos para comprar una casa o pagar una renta de manera permanente. La necesidad nos hizo buscar ayuda y fue entonces cuando apareció el Movimiento Antorchista.
Recuerdo que un activista nos convocó a una reunión y nos explicó cómo era el proceso de gestión. Algo que siempre le reconocimos fue que nunca nos mintió. Nos dijo claramente que la lucha sería larga, complicada y que tendríamos que resistir muchos obstáculos. También nos explicó que nada se consigue de la noche a la mañana y que la organización era fundamental para alcanzar cualquier objetivo.
Muchas familias no aguantaron el proceso y decidieron retirarse. Algunas pensaron que nunca se lograría nada, pero quienes permanecimos firmes hoy tenemos un lugar donde vivir gracias a la lucha organizada. Esa experiencia nos enseñó que cuando el pueblo se une y trabaja por un objetivo común, las cosas pueden cambiar.
¿Cómo fue el proceso de gestión?
No fue fácil. Presentamos solicitudes ante las autoridades y prácticamente siempre recibíamos la misma respuesta: no. Parecía que nuestras necesidades no importaban y que nadie estaba dispuesto a escuchar a las familias pobres que buscábamos una oportunidad para salir adelante.
Sin embargo, nunca nos rendimos. Continuamos reuniéndonos de manera constante. Nuestras reuniones no se suspendían porque entendíamos que la organización era nuestra principal fuerza. El activista de Antorcha siempre nos llevaba material para estudiar y analizar. Muchas veces leíamos un volante donde se hablaba de las luchas que estaban realizando otros compañeros antorchistas en diferentes estados del país.
Esos ejemplos nos llenaban de entusiasmo. Saber que otros grupos de familias estaban avanzando y obteniendo resultados nos levantaba el ánimo cuando las cosas parecían difíciles. Eran como una inyección de energía para seguir adelante. Aprendimos que la lucha social requiere paciencia, disciplina y mucha convicción.
Después de conseguir los terrenos, ¿qué siguió?
El logro de los terrenos fue algo muy grande. Sinceramente, muchos no podíamos creer que después de tantos años finalmente lo habíamos conseguido. Fue un momento de mucha emoción para todas las familias.
Pero también entendimos que ese no era el final de la lucha. Conseguir los terrenos era apenas el primer paso. Después comenzó una nueva etapa: gestionar los servicios básicos que toda comunidad necesita para vivir con dignidad.
Empezamos a luchar por el agua potable, la energía eléctrica, el drenaje, la pavimentación de las calles y por espacios educativos, deportivos y culturales para nuestros hijos. Ya conocíamos el proceso y sabíamos las dificultades que implicaba tocar puertas y exigir atención de las autoridades.
Afortunadamente seguimos firmes y siempre contamos con el respaldo de nuestra organización. El Movimiento Antorchista nunca nos dejó solos ni abandonó nuestras demandas. Poco a poco fuimos obteniendo resultados y viendo cómo nuestra colonia se transformaba.
¿Cómo es su vida ahora, comparada con la de hace más de veinte años?
Todo cambió. Definitivamente ahora vivimos mejor.
Cuando volteo hacia atrás y recuerdo las condiciones en las que vivíamos, me doy cuenta de todo lo que hemos avanzado. Tener una vivienda propia, contar con servicios básicos y ver crecer a nuestros hijos en mejores condiciones es algo que no tiene precio.
Es un sentimiento difícil de describir. Me siento profundamente agradecida junto con mis vecinos porque sabemos cuánto trabajo costó llegar hasta aquí. Nada nos fue regalado. Cada avance fue producto de años de esfuerzo y organización.
Toda esta experiencia nos ha marcado profundamente. Nos enseñó que a los pobres no nos queda más alternativa que luchar todos los días por una vida mejor. Si nosotros mismos no defendemos nuestros derechos, nadie lo hará por nosotros.
¿Qué sigue para ustedes?, ¿qué planes tienen hacia el futuro?
Lo que sigue es continuar firmes en la lucha. Nosotros ya nos quitamos la venda de los ojos y entendimos muchas cosas sobre la realidad que vive nuestro país.
Hoy vemos cómo los partidos políticos se disputan el poder hablando constantemente de la pobreza, pero muchas veces lo hacen sin conocer realmente lo que significa vivirla. Ellos no pasan días sin probar alimento. Ellos no sufren por la falta de medicamentos. Ellos no tienen que hacer largas filas en los hospitales públicos esperando atención médica. Nosotros sí conocemos esa realidad porque la vivimos todos los días.
Por eso creemos que es necesario construir una organización cada vez más grande, más fuerte y más consciente, que algún día pueda gobernar México pensando verdaderamente en quienes menos tienen.
Yo, sin duda, seguiré participando. Seguiré trabajando junto con mis compañeros porque estoy convencida de que la organización del pueblo es el camino para transformar nuestro país.
¿Qué mensaje le daría a los mexicanos que aún no tienen vivienda?
Primero les diría que se animen a organizarse. Que dejen atrás el individualismo y comprendan que una sola persona difícilmente puede resolver problemas tan grandes. Necesitamos apoyarnos unos a otros y trabajar de manera colectiva.
En segundo lugar, les recomendaría que se eduquen políticamente. Que aprendan a comprender la realidad que los rodea y a defender sus derechos. El estudio es una herramienta fundamental para cualquier luchador social. Nosotros lo comprobamos durante todos estos años y por eso seguimos adelante.
Finalmente, les diría que como pueblo defendamos nuestros derechos. Hoy vemos a campesinos, estudiantes, médicos, maestros y muchos otros sectores manifestarse para exigir soluciones. Sin embargo, la mayoría lo hace de manera aislada.
Lo que necesitamos es unir todas esas luchas en una sola fuerza capaz de transformar la realidad del país. Debemos lograr que toda esa inconformidad social se convierta en un movimiento amplio y organizado.
El pueblo mexicano tiene una enorme fuerza. Somos un gigante que muchas veces permanece dormido. Ese gigante debe despertar para luchar por una sociedad más justa, más equitativa y con mayores oportunidades para todos.
Un llamado a la unidad y a la organización
La historia de la colonia Plutarco Elías Calles demuestra que la organización popular puede transformar la vida de las familias trabajadoras. Lo que hace más de veinte años parecía un sueño imposible, hoy es una realidad visible en las calles, viviendas y servicios con los que cuentan cientos de habitantes.
La experiencia de Ana Martina Ruiz y de decenas de familias juarenses es un ejemplo de perseverancia, unidad y compromiso colectivo. Su historia recuerda que las conquistas sociales no llegan por casualidad, sino como resultado de la participación consciente de hombres y mujeres que deciden luchar por un futuro mejor.
El llamado es claro: organizarse, educarse y participar activamente en la defensa de los derechos del pueblo. Solo mediante la unidad y el trabajo colectivo será posible construir una sociedad donde las oportunidades lleguen también a quienes históricamente han sido olvidados. La invitación queda abierta para todos los mexicanos que deseen sumarse a la lucha organizada y trabajar por un país más justo, más humano y con mejores condiciones de vida para las mayorías.







