#Reportaje // Colapso maquilador: Ciudad Juárez y la frontera norte ante el desastre laboral

enero 29, 2026

Durante décadas, Ciudad Juárez fue presentada como la vitrina del éxito del modelo maquilador mexicano: empleo abundante, crecimiento acelerado y una economía integrada a Estados Unidos. Hoy, esa narrativa se ha derrumbado. El cierre de plantas, la quiebra de corporativos, los despidos masivos y la expansión de la informalidad han convertido a la frontera norte en un territorio marcado por la incertidumbre social.

Noel González Jiménez

Ciudad Juárez, epicentro del desastre laboral

Ciudad Juárez, Chihuahua, no es únicamente una ciudad fronteriza: es el corazón histórico del modelo maquilador en México y, al mismo tiempo, el escenario más crudo de su desgaste. Desde finales del siglo XX, su crecimiento urbano, demográfico y económico estuvo íntimamente ligado a la expansión de la industria manufacturera orientada a la exportación. Miles de familias llegaron atraídas por la promesa de estabilidad laboral. Hoy, esa promesa se ha roto.

Con una población estimada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en más de 1.5 millones de habitantes, Ciudad Juárez atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente. Marcelo Vázquez Tovar, delegado de la Asociación Nacional de Importadores y Exportadores de la República Mexicana (ANIERM) confirmó que, en los últimos años, se perdieron más de 64 mil empleos, principalmente en la industria manufacturera.

Durante años, Juárez concentró uno de los corredores industriales más grandes de América Latina. Más de 300 maquiladoras operaron de manera simultánea, absorbiendo mano de obra proveniente no solo de Chihuahua, sino de estados del sur del país. Para miles de personas, la maquila representó la única posibilidad de ingreso formal, acceso a seguridad social y un salario constante, aunque precario.

Hoy, las escenas cotidianas son otras, parques industriales con líneas de producción detenidas, rutas de transporte de personal reducidas y anuncios que anuncian una verdad contundente: no hay contrataciones. La ciudad que durante años fue sinónimo de empleo hoy se ha convertido en un espacio de expulsión laboral. El desempleo dejó de ser una excepción para convertirse en una condición estructural.

Maquilas en quiebra y cierres silenciosos

El colapso no ocurrió de manera súbita, sino por acumulación, primero llegaron los ajustes: reducción de turnos, cancelación de horas extra, contratos temporales no renovados. Después vinieron los despidos masivos. El caso más emblemático es el del corporativo automotriz First Brands Group (compañía estadunidense proveedora mundial de autopartes) cuya quiebra y cierre afecto a 14 empresas filiales como Hopkins, Brake Parts (BPI), Centric Parts, Subensambles de México y Juárez Parking Plant, que suman alrededor de 5 mil trabajadores, mismos que podrían quedarse sin empleo en Cd. Juárez, Matamoros y Mexicali.

A este caso se suman empresas que durante años fueron pilares del empleo local. Lexmark cerró definitivamente sus plantas; Foxconn redujo de manera drástica su plantilla; Lear Corporation aplicó despidos recurrentes; y Electrolux trasladó operaciones fuera de la ciudad. Cada cierre implicó no solo la pérdida de empleos directos, sino la ruptura de economías familiares enteras.

Del crecimiento prometido a la desaceleración estructural

Durante décadas, el discurso oficial presentó a Ciudad Juárez como motor del desarrollo regional. Sin embargo, ese crecimiento estuvo basado en una economía altamente dependiente de la maquila, sin diversificación productiva ni políticas públicas que fortalecieran otros sectores. Cuando el contexto global cambió, la ciudad quedó sin amortiguadores.

El impacto de cada cierre maquilador se multiplica en cadena, pequeños comercios pierden clientes, el transporte reduce recorridos, las rentas caen y las familias se endeudan. Colonias enteras, construidas alrededor de parques industriales, entran en un proceso acelerado de deterioro social.

Largas filas desde la madrugada por un empleo

Apenas sale el sol y la escena se repite en las calles en las últimas semanas: largas fila de personas rodea las plantas maquiladoras en Ciudad Juárez. No es una protesta ni un evento especial, es algo mucho más básico y urgente: gente buscando trabajo. Algunos llegaron desde las cinco de la mañana, otros desde la noche anterior, con la esperanza de alcanzar una de las pocas vacantes disponibles.

Cada mañana, antes del amanecer, decenas de personas se congregan frente a parques industriales. Algunos llegan con carpetas llenas de documentos; otros solo con la esperanza de ser llamados. Pernoctar para alcanzar una ficha se ha convertido en una práctica común. Buscar empleo es hoy un acto de resistencia cotidiana.

María Ortiz, operadora de línea durante más de diez años, fue despedida sin previo aviso. “Nunca pensé que iba a estar formada desde las cuatro de la mañana pidiendo trabajo”, relata. Como ella, miles de juarenses han agotado sus ahorros, vendido pertenencias y recurrido al apoyo familiar para sobrevivir.

Impacto social: familias rotas y precariedad

La pérdida de empleo formal implica mucho más que la falta de salario. Significa la pérdida de seguridad social, acceso a servicios de salud y derechos laborales básicos, en una región donde la maquila ha sido históricamente la principal fuente de ingresos. En un contexto de inflación y encarecimiento del costo de vida, miles de familias se ven obligadas a recurrir a la informalidad, al endeudamiento o a trabajos temporales sin prestaciones.

El desempleo maquilador no solo afecta a quienes pierden su trabajo, sino a todo su entorno. Familias completas ven alterada su dinámica cotidiana: hijos que abandonan la escuela, adultos mayores que regresan al mercado laboral informal, mujeres que asumen dobles y triples jornadas para compensar la pérdida de ingresos.

El aumento de la precariedad se refleja también en la salud mental. Ansiedad, depresión y estrés se han vuelto comunes entre trabajadores despedidos que enfrentan deudas, rentas impagables y la amenaza constante del desalojo. La ciudad carga con un daño social que no aparece en los balances corporativos.

Política económica binacional: abandono estructural

La crisis maquiladora es el resultado de una relación económica profundamente asimétrica entre México y Estados Unidos. Nuestro país apostó por la integración productiva sin construir una política industrial propia ni mecanismos sólidos de protección al empleo.

El Estado mexicano ha sido incapaz de anticipar o mitigar los impactos de los cambios globales. Los trabajadores quedan a merced de decisiones corporativas y disputas comerciales ajenas a su realidad cotidiana.

En este escenario, la actuación de los sindicatos oficiales ha sido, en el mejor de los casos, insuficiente. Lejos de organizar una respuesta colectiva y combativa frente a los despidos, muchas dirigencias se han limitado a comunicados o negociaciones que no cuestionan el fondo del problema. Para miles de trabajadores despedidos, la defensa sindical simplemente no existe.

Por su parte, los gobiernos federal y estatales, ya sean de Morena, el Pan u otros partidos, han optado por priorizar el llamado “clima de inversión”, evitando confrontar a las empresas responsables de los despidos. No se imponen sanciones, no se exigen responsabilidades sociales ni se garantizan alternativas laborales reales para quienes pierden su empleo.

Aranceles y presión política desde Washington

Las políticas arancelarias impulsadas durante la presidencia de Donald Trump intensificaron la incertidumbre. La amenaza constante de aranceles, la renegociación del T-MEC y el discurso proteccionista provocaron cancelaciones de inversión y despidos.

La guerra comercial global de Trump ha agravado la miseria de una industria que ya enfrenta una larga lista de desafíos, incluyendo el aumento salarial y la preocupación de los inversionistas por las reformas del partido gobernante Morena.

Aunque los gobiernos minimizaron el impacto, los trabajadores lo vivieron de inmediato. Cada anuncio desde Washington se traducía en recortes internos y mayor inestabilidad laboral en la frontera norte.

La informalidad como último refugio: el abandono del trabajador mexicano

Ante la falta de empleo formal, la informalidad se convirtió en el único refugio. Según datos del INEGI, más del 50 por ciento de la población ocupada en Ciudad Juárez trabaja hoy en condiciones de informalidad. Venta ambulante, trabajos temporales y servicios sin seguridad social sostienen a miles de hogares.

La informalidad no es una solución, sino la expresión más clara del abandono institucional. Sin seguridad social ni derechos laborales, los trabajadores quedan expuestos a una precariedad permanente.

La crisis maquiladora ha dejado al descubierto una verdad incómoda: el trabajador mexicano es prescindible dentro del modelo económico vigente. Cuando deja de ser funcional a la rentabilidad corporativa, se le abandona sin red de protección.

Programas públicos insuficientes, sindicatos debilitados y una política laboral reactiva han profundizado la sensación de desamparo. El trabajador enfrenta solo el impacto de una crisis que no provocó.

La brutalidad de un modelo agotado

El modelo maquilador se ha presentado durante décadas como generador de empleo, pero su lógica es profundamente deshumanizante. El trabajador es tratado como un insumo reemplazable. Cuando deja de ser rentable, se le descarta sin considerar el impacto social.

Ciudad Juárez es hoy el espejo de ese fracaso. El colapso maquilador no es solo económico: es social, humano y político. Mientras no se replantee el modelo de desarrollo, no se diversifique la economía y no se coloque al trabajador en el centro de la política económica, la frontera norte seguirá atrapada en un ciclo de crecimiento frágil y crisis recurrentes que amenazan su futuro colectivo.