Por: Euribiades García
Del 7 al 15 de marzo, en la fabulosa unidad deportiva Wenceslao Victoria Soto de Tecomatlán, Puebla (la Atenas de la Mixteca), se concentrarán miles de deportistas provenientes de todos los estados de la república, para participar de las “Espartaqueadas” Deportivas Nacionales del Movimiento Antorchista, en las diferentes disciplinas y categoría de las ramas varonil y femenil, en las que se realizarán las pruebas atléticas tanto individuales como de conjunto, en sana convivencia y fraterna competencia, no con la idea de mercantilizar la actividad física y rivalizar, ni por vanagloria efímera con galardones costosos o recompensas en metálico que lo único que hacen es volver más individualista y mercenario al deportista; sino de fomentar y reforzar en él su esencia de ser humano gregario, solidario y compasivo con sus semejantes, buscando siempre mejorar y ser útil a su sociedad y con disciplina y entrega, desarrollar sus aptitudes y destrezas al máximo para brindarlas y compartirlas con sus hermanos y congéneres, sobre todo con quienes por su condición de pobreza y marginación más lo necesitan.
“Espartaqueadas”, sí, en honor al disciplinado y aguerrido pueblo lacedemonio de la antigua Esparta. Pero también de Espartaco, de quien dice Marcel Ollivier en su compacta pero interesante y esclarecedora biografía de Espartaco, que éste, sometido a esclavitud por la decadente República Romana en camino a ser imperio hacia el año 675 de la fundación de Roma aproximadamente, que equivale más o menos al último siglo antes de nuestra era (100-1 AC) era de origen tracio, un pueblo de pastores que, “…Como los galos a los que se parecían físicamente, y cuyo desprecio absoluto de la muerte compartían… Eran terribles adversarios de valor a toda prueba. Cuando caían sobre el enemigo, con toda la velocidad de sus monturas… era raro que se pudiera resistir el asalto furioso. Aún a pie, eran terribles combatientes, pues manejaban la espada y el hacha con gran destreza, y jamás retrocedían…” “Animados de un feroz espíritu de independencia, vivían libres y orgullosos en sus montañas, y ningún conquistador, ni Darío el persa, ni Filippo el macedonios, habían podido imponerles su dominio… Tales eran los adversarios ante los que se agotaban, en vano, desde hacía largos meses, las legiones… Una tarde, después de un combate de caballería… condujeron ante el general romano un grupo de prisioneros tracios…” “No se saben, exactamente, cuáles eran los orígenes de este hombre que debía desempeñar un papel tan importante en la historia romana… ¿descendía Espartaco de la dinastía de los Zpardokos, que reinó en el Panticapeo? Sería bastante irónico, que el jefe de la más formidable insurrección de esclavos que conoce la historia, el hombre cuyo nombre se ha convertido, hoy, en el símbolo de la lucha contra la opresión, descendiera de una familia real.”
Y continúa: “El último siglo de la República romana señala el comienzo del declinamiento de la civilización antigua, de la que Roma fue la expresión más acabada. Por otra parte, este declinamiento estaba en el orden normal de las cosas. Basada, por completo, en la esclavitud y la explotación del trabajo servil, debía morir por las mismas razones que habían hecho su grandeza. Su destino estaba en sí misma, y ninguna fuerza en el mundo, ni la intervención de los dioses, ni la habilidad de los hombres, era capaz de detener la marcha ineludible. Pues es una ley ineludible de toda sociedad antagónica, que ella misma cree las contradicciones que concluyen por aniquilarla. Y la sociedad esclavista no escapó a esta ley general, confirmada, por lo demás, por toda la experiencia de la historia. Al arrojar todo el trabajo sobre los esclavos, estaba condenada, para poder procurarse la mano de obra necesaria a la satisfacción de sus necesidades materiales, a organizar frecuentes cacerías de hombres, o, dicho de otra manera, a instalar en ella la guerra permanente…” (Las negritas son mías, EGC). Pero, como se ve, bien puede decirse que todo parecido con la realidad mundial actual no es mera coincidencia; o como se dice por los jóvenes en estos días: Marcel Olliver sabía cosas.
En todo caso, me interesa señalar que en los tiempos que corren, cuando nuestro país, igual que muchos países, sufre el embate del imperio de nuestra época y tiene que soportar agresiones económicas, políticas, culturales y de todo género, que incluye las amenazas de invasión al suelo patrio: que eso y no otra cosa significa una intervención militar; es necesario, muy necesario la construcción de la unidad nacional, de los mexicanos patriotas, inteligentes y decididos, es decir la unidad nacional formada por un tipo de mexicano nuevo, pero no sólo en lo intelectual y espiritual, sino también en lo físico, que pueda afrontar los desafío que le depare la suerte de la nación, la suerte de la patria que en todo caso no puede materializarse si no es a través de las acciones concretas de sus habitantes, de sus pobladores, de sus hijos, los cuales, deben hacer consciente, que su fuerza radica realmente en su unidad inquebrantable, la cual es posible si se anteponen la comunidad de intereses, que deben ser, sin duda, los auténticos del pueblo mismo, que al no ser homogéneo, como en toda democracia deben prevalecer, desde mi punto de vista, los de las mayorías, que en este caso son las masas populares, trabajadoras y empobrecidas de México. Por eso también son verdaderamente necesarias las Espartaqueadas del Movimiento Antorchista Nacional.







