#Opinión // Segunda ronda de bloqueos carreteros, pero faltan los intereses de pobres y asalariados

abril 11, 2026
Por: Euribiades García 
Creo que no hay discusión: hay muchas cosas en el país que urge componer. Y entre ellas, desde mi punto de vista, sí se encuentra la ausencia de seguridad pública que constantemente se convierte en noticia nacional, aunque, la mayoría de casos, ni se conocen o se quedan en cifras estadísticas. Otra de ellas es, sin duda, la falta de apoyo al campo, que de por sí es anémico y poco rentable, que se encuentra constantemente presionado por la oferta y los precios bajos de los competidores internacionales, que se suma al nulo crecimiento de nuestra economía y al deterioro constante y profundo de la escasa infraestructura carretera y de traslado de mercancías en general.
Quienes defienden al gobierno y la autollamada 4T sostienen, no se sabe con cuánta razón, que quienes están detrás de las movilizaciones y la campaña mediática adjunta, son oposicionistas, de la extrema derecha, que de la noche a la mañana se han vuelto defensores de los derechos de los mexicanos a movilizarse y a expresar sus inconformidades, y que lo hace con fines electorales brindando apoyo no sólo logístico sino hasta económico, así como de representación en tanto que salen a dar la cara para increpar a los gobernantes y  exigir soluciones. Sostienen, además, que se trata de demagogia vil, en aras de llevar agua a su molino en tiempos electorales tratando de desprestigiar al gobierno, sin tomar en cuenta la serie de acciones que éste ha tomado desde que llegó al poder; O sea, que antes estábamos peor.
Sin embargo, aunque fuera cierto todo lo dicho, tal cosa a nadie saca de algún apuro, porque lo que el pueblo de México necesita son soluciones, completas, profundas y definitivas; además, con excusas o con ataques ad hominem (a la persona) no se desbaratan los argumentos; pues, por ejemplo, aunque los problemas se arrastren de sexenios anteriores estamos en éste y a éste le toca resolver; porque se entiende que ya conocía el tamaño y la naturaleza de los problemas cuando pretendían gobernar, y que sopesó que tenía lo necesario no sólo para hacerles frente sino para abatirlos y en tal talante solicitó el voto de los ciudadanos, esos que en carne propia aún padecen, y mucho, males de los que aún se siguen quejando. Por ejemplo, los productores de frijol del altiplano adujeron en su protesta que el precio en el mercado de su producto ronda los 8 pesos y que los centros de acopio del gobierno federal se encuentran cerrados, por lo que, en justicia, dijeron, exigían que se reabrieran, así como que se les respete el precio de garantía de 27 pesos, para poder recuperar los gastos de inversión, seguir produciendo y poder sostenerse junto con sus familias.
A pesar de que tienen mucha razón los manifestantes, desde mi punto de vista, no por eso dejan de ser superficiales e insuficientes las medidas propuestas, por lo que es necesario, si realmente se está por resolver los problemas fundamentales de los auténticos productores del país, tener en cuenta que éstos tienen su origen y por fondo la pobreza, y ésta, como su causa principal a la injusta distribución de la riqueza social; es decir, el problema sistémico está en producir para el mercado que tiene por ley la máxima ganancia (para unos pocos, desde luego, mientras la mayoría se empobrece), y no hay modo de que exista una sociedad justa y equitativa dentro de éste, aunque sí existe, por el contrario, la posibilidad de cerrar un buen trecho, mediante la intervención del Estado, la brecha enorme que separa a los mexicanos que nada tienen y sobreviven de milagro yendo al día, de los que nadan en dinero y riquezas las cuales no se les acabarían ni en 100 vidas si las tuvieran.
Por eso, vistas con objetividad las cosas, estrechar esta brecha de insultante y absurda desigualdad entre los miembros de una misma sociedad que produce suficiente para vivir todos de manera modestamente acomodada, como lo hace la sociedad china, es posible con una intervención del Estado realmente en favor de las mayorías, de tal manera que el fin del neoliberalismo deje de ser una simple frase y pase a ser a una la realidad económica, contante y sonante. Ya el Movimiento Antorchista hace mucho que declaró públicamente, para conocimiento de todo mundo, cuatro puntos fundamentales para acabar con la pobreza extrema, sin los cuales es imposible, siquiera, pensar que las masas mejorarán apreciablemente su situación aunque reciban dinero en efectivo de programas gubernamentales que ayudan al consumo y no a la producción, por un lado, mientras se cae a pedazos  la inversión pública en infraestructura necesaria para sostener el crecimiento del  país, y desaparecen paulatinamente, pero de manera sostenida, los sistemas de salud pública, de educación, de vivienda, y otros más, junto al desempleo al que se enmascara como “empleo informal” al que son expulsados quienes no la pueden librar de otra manera si no es vendiendo aunque sea lo pepenado entre escombros y desechos de los centros poblacionales.
Vuelve a ponerse, por eso, en el centro del debate para quienes genuinamente se interesan por la suerte de las masas empobrecidas, sean pequeños productores, peones del campo u obrero de la ciudad (que no cuentan más que con su sola fuerza de trabajo para venderla a los apropiadores de antaño que hoy son los “dueños” de los medios de producción inventados, construidos y puestos en marcha por la sociedad), cómo hacerle para hacer realidad su exigencia de salir de la pobreza. Y la respuesta es, poner en práctica esos puntos, que son: Empleo para todos los mexicanos en edad y condiciones de tenerlo; Salarios remuneradores que alcancen a las familias de los trabajadores para satisfacer todas sus necesidades elementales, cuando menos; Una política fiscal progresiva con la que paguen más los de mayores posibilidades para hacerlo y un Gasto público enfocado en la solución de las demandas y necesidades reales de la población que más lo necesita. Y eso, hasta donde alcanza a apreciarse, no se ve ni en las demandas enarboladas en estas movilizaciones, por unos; ni en las respuestas dadas, por los otros. Por eso, opino que sigue estando en pie la pregunta: ¿Y la satisfacción de las demandas e intereses de las grandes masas empobrecidas y explotadas, para cuándo? Pero para que eso llegue, el pueblo debe gobernar.