Por: Euribiades García Córdova
Se está dando una escalada en el aumento de los precios de las mercancías y los de la canasta básica, que es a los que tiene acceso la mayoría de los mexicanos porque no les alcanza para más, es evidente: Jitomate, tortillas, chile, etcétera; y no se ve para cuando vaya a terminar.
Algunos defensores del actual gobierno, no tienen empacho en salir a decir, sobre todo en las redes sociales, que si gobernaran los de antes, las cosas estarían peor y las mercancías más caras, incluida la gasolina. Al tiempo que los de enfrente les gritan a coro: “dijo la 4T que todo cambiaría, mentira, mentira, son la misma… cosa”. Unos dicen que el actual aumento de los precios y el proceso inflacionario en general es el resultado de la ineptitud del gobierno en turno por no hacer crecer la economía y por gastar ingentes cantidades de recursos improductivamente destinando dinero al consumo a través de la entrega en metálico directamente a la gente para tenerla contenta y corporizada, para sus fines electorales, mediante los programas asistenciales en lo que el gobierno consume buena parte del presupuesto nacional mientras descuida aspectos y rubros fundamentales para el bienestar de las masas como el de la salud, la educación, obra pública, o la vivienda de las mismas. Mientras aquellos se defienden diciendo que son causas externas como el aumento del precio de los combustibles, fertilizantes, y otros insumos necesarios, en el mercado mundial, por lo que mucho hacen con “contener”, mediante pacto con los sectores productivos la escalada de precios y presiones a la economía de los mexicanos.
Todo cuenta, es cierto, pero, nada valen las excusas y explicaciones, porque lo que aniquila son los hechos, en este caso los recursos contantes y sonantes para que el pueblo mexicano pueda comer ya ni siquiera sano y nutritivo, si no, simplemente, mitigar su hambre. Y es que la mayoría no tienen ni para tomar el camión que los traslade a su centro de trabajo, o no cuenta con recursos para pagar la renta del mes y ha tenido que empeñar todo para no quedarse a la intemperie; no tiene ni un pedacito de tierra para sembrar, o no cuenta ni con insumos, ni con las herramientas necesarias: o sea, se trata de la gran masa de la población, ya sea que viva en la ciudad o en el campo. Y el razonamiento simple nos lleva a formular: si sube el precio del petróleo lejos de ser explicable que me cueste más la gasolina es al revés; como el país es productor de esta materia prima, al venderlo más caro tiene más ingresos, y aunque se procese en otros, como el precio es por el crudo, salimos ganando, y entonces deberían costar menos sus derivados en nuestro país porque el petróleo de los mexicanos lo administra el gobierno y si se paga más por éste, entonces tiene más ingreso, más dinero con los cuales pagar lo que cueste el refinado y a mí no tendría por qué afectarme como mexicano. Entonces, se razona, lo que pasa es que me engañaron cuando querían el voto y prometieron la gasolina de a 10 pesos el litro, y me siguen engañando porque cada vez cuesta más y ya no me alcanza para nada con lo que puedo ganar al día. Para tranquilizar a las masas algunos dirán que eso siempre ha sido. No siempre, pero sí durante largo tiempo, a pesar de los movimientos de independencia, reforma y revolución.
Sin embargo, eso no equivale a decir que tenga que ser así, y menos en esta época de impresionante desarrollo de las fuerzas productivas con que cuenta la sociedad contemporánea. Y es que la explicación radica, desde mi punto de vista, en que a pesar de los cambios sociales practicados anteriormente, y todos los “remedios caseros” de los curanderos sociales actuales, ha quedado intocado el sistema económico basado en la apropiación y concentración de los medios de producción en unas cuantas manos (que tiene por base la propiedad privada, y no social, de éstos), que trae aparejado la concentración de la riqueza social; por eso unos poquitos individuos prosperan acaparando extraordinarios volúmenes de capital gracias a que pueden explotar para su provecho la mano de obra asalariada de casi el total de la población, esto, complementada con su forma natural de distribución mediante el mercado en el que reina la ley del más fuerte, en detrimento del resto de la sociedad, porque no da a cada uno lo suyo sino que concentra la riqueza de acuerdo a su función económica.
La inflación, los bajos salarios, el desempleo y todos los síntomas de la pobreza, que lastiman y asfixian a las grandes mayorías, son expresiones del mismo mal. La injusta e inequitativa distribución de la riqueza social producida en el país. Y, por tanto, un gobierno, verdaderamente preocupado y capacitado para componer las cosas de fondo, sólo podrá serlo, un gobierno auténticamente del pueblo que, por definición, está compuesto por las clases trabajadoras y pobres. Aquí y en China.







