Por: Lenin Nelson Rosales Córdova
Creo que todos estamos enterados de que en un mes dará inicio el mundial de futbol en nuestro país, esto a la par de la crisis social tan terrible por la que atraviesa México y que el gobierno sigue negando o diciendo que son casos aislados, como siempre minimizando lo que ocurre en las calles.
Y esto cobra relevancia en un sector muy importante del campo, lo que hoy viven los productores de frijol del norte es el reflejo de un modelo de gobierno que se ha especializado en el discurso, en la propaganda y en la simulación, mientras abandona a quienes verdaderamente sostienen la economía nacional. Zacatecas, Durango y Chihuahua están viviendo una de las etapas más complicadas de los últimos años, con miles de campesinos desesperados, endeudados y cansados de promesas incumplidas.
El gobierno federal insiste en repetir que “primero los pobres”, que “se escucha al pueblo” y que “ya no hay represión”, pero la realidad en el campo mexicano cuenta otra historia. Hoy los productores de frijol están siendo golpeados por decisiones improvisadas, cambios repentinos en las reglas de operación y programas de acopio insuficientes que dejaron fuera a miles de toneladas de producto.
La indignación creció en Zacatecas luego de que el gobierno federal redujera el precio de acopio del frijol de 27 mil pesos por tonelada a apenas 16 mil pesos por tonelada para las nuevas ampliaciones del programa. Los productores denunciaron que este nuevo precio ni siquiera cubre los costos de producción, transporte y comercialización. Algunos agricultores afirmaron que, descontando gastos, el ingreso real apenas ronda los 13 pesos por kilo.
El problema no termina ahí. Zacatecas produjo alrededor de 491 mil toneladas de frijol, pero el programa federal apenas contempla poco más de 106 mil toneladas de acopio. Es decir, cientos de miles de toneladas quedaron fuera de los esquemas oficiales. Los propios productores denunciaron que gran parte del grano terminó en manos de intermediarios y “coyotes”, mientras miles de pequeños campesinos quedaron excluidos.
En Chihuahua la situación tampoco es alentadora. El gobierno anunció apenas una ampliación de cinco mil toneladas adicionales con un esquema de 15 mil pesos por tonelada más un apoyo de mil pesos extra. Esa cifra resulta mínima frente a las necesidades reales del campo chihuahuense. Durango atraviesa un panorama similar: bajos precios, altos costos de producción y una sequía que ha terminado por asfixiar a las familias rurales.
El problema del frijol es apenas la punta de lanza de un desastre social mucho más profundo. Si el productor deja de sembrar porque ya no le resulta rentable, las consecuencias las pagará toda la población. Habrá menos producción nacional, aumentarán las importaciones y el precio del frijol seguirá encareciéndose en los mercados. México, un país históricamente agrícola, está caminando hacia una dependencia alimentaria cada vez más peligrosa.
Mientras tanto, el gobierno federal parece más preocupado por el Mundial de Futbol y por construir una narrativa de país perfecto para el turismo internacional. En lugar de atender la crisis del campo, la violencia, las madres buscadoras, el colapso del sistema de salud o el rezago educativo, los morenistas impulsan modificaciones al calendario escolar bajo el argumento del evento deportivo. La prioridad parece ser despejar calles y mantener una imagen de normalidad para los visitantes extranjeros, aunque eso implique seguir ignorando los problemas reales que enfrenta México.
Por eso la lucha de los productores de frijol no debe verse como un conflicto aislado. Lo que hoy ocurre en Zacatecas, Chihuahua y Durango es una advertencia para todos los sectores sociales. Hoy son los campesinos quienes levantan la voz; mañana puede ser cualquier otro sector golpeado por un modelo económico incapaz de resolver los problemas estructurales del país.
La ciudadanía debe entender que ninguna lucha se gana de manera individual. El estudiante, el trabajador de la salud, el maestro, el campesino, el transportista, el obrero y las amas de casa enfrentan un mismo problema: un gobierno que administra la inconformidad mediante discursos, mientras los problemas reales continúan creciendo. La unión social es fundamental para frenar el deterioro nacional.
Las elecciones de 2027 serán una prueba decisiva para México. El voto ya no puede basarse en slogans, programas clientelares o campañas emocionales. El país necesita ciudadanos críticos, informados y conscientes de lo que está ocurriendo. Porque cuando un gobierno abandona al campo, abandona también la soberanía alimentaria, la economía regional y el futuro de millones de familias.
México no puede normalizar que quienes producen los alimentos vivan en pobreza y desesperación. No puede aceptarse que miles de toneladas de frijol queden fuera de los programas de acopio mientras el gobierno presume sensibilidad social. Tampoco puede permitirse que la propaganda siga sustituyendo a las soluciones.
La crisis del campo mexicano ya estalló y el pueblo no debe dejar pasar lo que está ocurriendo. Porque cuando el campesino cae, termina cayendo todo el país.







