#Opinión // La situación actual y la unidad de los pueblos

junio 19, 2026
Por: Euribiades García
Nadie en su sano juicio podría decir que los tiempos que corren son buenos para quienes formamos parte de las grandes mayorías empobrecidas del planeta. No, más bien, como dijo el poeta Skovoroda: actualmente es media noche en el mundo: guerras armadas, guerras económicas, guerras tecnológicas, guerras cognitivas. Guerras por todas partes y a toda hora.
  Y todas provocadas por el imperialismo que, víctima de su propio desarrollo y cuya ley intrínseca lo lleva a acrecentar incesantemente el capital constante en medios de producción cada vez más sofisticados a costa del capital variable de los salarios, que no son sino el coste de la fuerza de trabajo única creadora de valor, está sometido ya hace tiempo a una tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Esto lo tienen al borde de la muerte y lucha contra ello desesperadamente invadiendo países para apropiarse recursos naturales, mano de obra barata y mercados por saturar.
En estos tiempos, cuando menos desde la última década del siglo pasado a la fecha, son guerras y más guerras de rapiña contra el mundo. ¿Y quién puede parar esa locura de unos cuantos por hacerse de toda la riqueza del planeta para sus fines personales? sólo los pueblos, pero unidos y conscientes. Por eso es la hora de los pueblos, verdaderos forjadores de la historia y de las grandes transformaciones radicales de la sociedad en toda época. Pero verdadero pueblo son las masas empobrecidas y explotadas.
Es importante saberlo porque hay psicología de masas, medios de comunicación de masas, deporte de masas, etc.  Pero todo en manos de monopolios privados que defienden sus muy particulares intereses de clase, y que están encaminados, por tanto, al control de las masas, para hacer que éstas no despierten, no protesten contra el tipo de vida que a que se les somete, para que no se politicen y no aspiren, por tanto, a intervenir en las grandes decisiones nacionales e internacionales que les atañen de manera directa para sus intereses inmediatos y mediatos.
En cuanto a lo que a como mexicanos respecta son muchas, muy claras y provenientes de las más altas esferas del poder del poderosos país del norte, las amenazas directas incluso hasta de intervención directa que es una forma edulcorada de hablar de una invasión al territorio nacional, con el pretexto de combatir a los denominados cárteles, y lo preocupante es la falta de respuesta, en los hechos, de medidas concretas en la preparación de una defensa del suelo patrio, que es obvio, pasa primero por la cohesión y organización del pueblo así como por sus concientización del problema. Por el contrario, se nota la polarización, la desunión, y hasta la promoción de la disgregación de los mexicanos, sin que se pueda saber a ciencia cierta si es ingenuidad o mala fe que para el caso lo mismo da; pero es evidente, por ejemplo, que cuando menos desde la implantación del neoliberalismo la encarnizada competencia por el empleo y las fuetes de trabajo cada vez más escasas y mal pagadas, le fueron impuestas a todo mundo, hasta convertirse ésta en una lucha franca y despiadada de todos contra todos para poder subsistir, multiplicándose con ello el individualismo propio del sistema capitalista de producción. Y los sedicentes gobiernos enemigos de aquel, por el mismo rumbo, lejos de combatirlo lo han profundizado escudándose en frases como: yo no trato con organizaciones sino con las personas en lo individual, y repartiendo “apoyos” individuales condicionados, que resultan puras maniobras para desmovilizar y desorganizar a las grandes masas.
Y aquí estamos los pobres, con la patria amenazada y atacada por todos lados la necesaria cohesión del pueblo. Mucho se habla, por ejemplo, de una soberanía que en los hechos no es posible porque no somos, como país, siquiera autosuficientes en materia de alimentos ¿Cuál es la salida, entonces? La unidad, la organización, la concientización, la politización profunda de las masas y la lucha consecuente que las convierta en arquitectos de su propio destino. Desde mi punto de vista, no hay otra. Y esa, es la tarea.