#Opinión //Educar para liberar: la lucha ideológica por la emancipación y la justicia social

junio 19, 2026

Por: Jocsan Misael Martínez

En una realidad marcada por la injusta distribución de la riqueza y la desigualdad a la que se enfrentan millones de seres humanos, la educación popular emerge como una de las herramientas más poderosas para la transformación social: No se trata únicamente de aprender a leer, escribir o dominar una profesión que el día de mañana sirva al capital; se trata, sobre todo de comprender la realidad en que vivimos, identificar las causas profundas de los problemas sociales y organizarse concientemente para construir una sociedad más justa. Ese es el verdadero objetivo de una educación

Desde la teoría marxista, la educación no puede entenderse como un fenómeno aislado de las condiciones materiales de existencia, es decir, las ideas dominantes de una época suelen responder a los intereses de la clase dominante, que es quien posee el poder económico y político, en este caso, el capitalismo.

La educación en el sistema capitalista está altamente marcada por un sistema meritocrático. Por eso, desde pequeños se nos vende la idea de un futuro lleno de éxito, riqueza y poder solo si nos esforzamos y “le echamos ganas” a la escuela, es decir, se busca promover el individualismo y la falta de consciencia social, porque al sistema no le conviene que la gente sea consciente de su realidad, pero es justamente esta realidad la que, al pasar el tiempo nos golpea a la cara; al abrir los ojos nos damos cuenta que, de cada 100 personas que nacen dentro del 20% más pobre de la población, solo el 50% logra salir de esa condición a lo largo de su vida, y ni siquiera se alcanza a tener un estilo de vida lujoso, solo dejan de estar tan mal como antes, pero siguen estando mal (Forbes, “Informe de Movilidad Social en México 2025” 30 de junio de 2025), contrario al caso de aquellas personas que nacen en familias ricas, quienes terminan su vida sin abandonar su posición.

Es por eso que, para conquistar una vida digna, el pueblo no solo debe prepararse a nivel profesional, sino que debe educarse política, cultural y científicamente. No se trata de conquistar esa dignidad de manera independiente, sino de crear las condiciones para que todos tengan acceso a ella. Por ello, la verdadera educación popular debe aspirar a despertar la conciencia crítica de los obreros, de los campesinos, de los estudiantes y de todos aquellos sectores que sufren las consecuencias de la explotación y la desigualdad.

A lo largo de la historia, los grandes cambios sociales han sido impulsados por pueblos conscientes de sus intereses colectivos principalmente. Ninguna conquista importante ha sido producto de la casualidad ni de la buena voluntad de los grupos dominantes, sino que han sido resultado de la lucha decidida de hombres y mujeres organizados, que comprendieron la causa de su situación y decidieron actuar para hacer un cambio de su realidad.

La educación popular tiene precisamente esa misión: formar personas capaces de analizar críticamente el mundo, de interpretar los fenómenos económicos, políticos y culturales que influyen en su vida cotidiana y de participar activamente en la construcción de alternativas que den soluciones a los problemas que se presentan. No busca crear individuos aislados, preocupados únicamente por su bienestar personal, sino personas comprometidas con el progreso hacia un bien común.

La organización sin educación puede convertirse en un esfuerzo pasajero; pero la educación sin organización termina siendo un conocimiento estéril, incapaz de transformar la realidad. Ambas deben marchar juntas como dos pilares inseparables de la lucha social.

En las colonias populares, en las comunidades rurales, en las escuelas y centros de trabajo, la educación debe convertirse en un instrumento de emancipación. Por eso el Movimiento Antorchista promueve el desarrollo del conocimiento de la población; cada círculo de estudio, cada conferencia, cada lectura colectiva y cada actividad cultural representan una oportunidad para fortalecer la conciencia social y elevar el nivel político de las masas.

Ya la decía el ingeniero Aquiles Córdova Morán en su poema “Inquietud”: La construcción de un mundo nuevo exige hombres y mujeres dispuestos: personas sensibles, pero que además, adquieran conocimientos científicos y desarrollen una profunda convicción de lucha, que impulse el cambio mediante la acción organizada. Por ello, la tarea de educar al pueblo no es secundaria ni complementaria; es una necesidad de estratégica para cualquier proyecto que aspire a la transformación de una sociedad más digna.

Hoy más que nunca, frente a los desafíos económicos, políticos, culturales y sociales, la educación popular debe convertirse en bandera de lucha. La formación de un frente organizado, consciente y polítizado significa el asentamiento de las bases de una fuerza social poderosa, capaz de defender los intereses de las mayorías y de abrir el camino hacia la sociedad donde la riqueza, la cultura y el bienestar, sean patrimonio de todos, y no de unos cuantos.

Como ya dijimos: la educación popular, no es únicamente transmisión de conocimientos; es formación de conciencia, organización y preparación para la transformación histórica, en ella se encuentra una de las llaves fundamentales para construir el mundo nuevo a los pueblos que luchan por su emancipación.