Por: Euribiades García
Viendo la crueldad inhumana ejercida contra la indefensa población gazatí acribillada por Israel, peón de brega y sumiso mastín del imperialismo mundial en medio oriente desde su asentamiento por la fuerza en tierras palestinas, viene a la mente el aleccionador relato que refiere un reino donde algunos vivales dieron por convencer al rey de comprarse un traje confeccionado por ellos con tan finos hilos de oro que sólo los inteligentes serían capaces de verlo. Bajo tal advertencia el monarca y su pueblo por no quedar en plan de tontos, convinieron en que, en efecto, todos eran testigos del hermoso traje y de su “esplendor”. Confiado en eso, no dudó el monarca en pasear sus desnudeces escuchando alabanzas por el hermoso traje que “lucía”, hasta que una voz infantil gritó con todas sus fuerzas: ¡El rey va desnudo! evidenciando el engaño realizado por los vivales a todo el reino.
Y es que por tanto tiempo se nos “inculcó” y “convenció” por todos los medios de comunicación e ideológicos propiedad de las clases del dinero y del poder mundial que el santuario de los derechos humanos, de la democracia, del imperio de la ley, del respeto al derecho internacional, y tantas “virtudes” más, moraban precisamente en el país de las libertades bajo la bandera de la barras y las estrellas, que al ser su sede, “podía” imponer por la fuerza de sus armas de destrucción masiva al mundo entero sus condiciones porque era su “destino manifiesto” o sea, por, mandato divino. Ahora lo vemos tal cual es actuando en Gaza: todos los días bombardeando hospitales, masacrando familias indefensas incluyendo inocentes niños de pecho y a sus madres, vejando y asesinando a ancianos, médicos, periodistas de ambos sexos, impidiendo la entrada de alimentos medicinas, artículos de primera necesidad y hasta agua para mitigar la sed en ese desierto, por verdaderos monstruos de maldad. A tal grado aberrante es la situación que hasta el taparrabo imperial, el Organismo de las Naciones Unidas, condenan el genocidio cometido por el Estado sionista con armas proporcionadas por el imperialismo occidental con los Estados Unidos a la cabeza. Al cual vemos bombardeando inmisericordemente refugios de personas indefensas, destruyendo hospitales, masacrando a personas que buscan comida, lo vemos desalojando las tierras ancestrales de los árabes, los vemos bombardeando a otros países para amedrentarlos, lo vemos celebrando cual chacales las matanzas de familias palestinas, lo vemos presumiendo armamento moderno proporcionado por las clases dominantes del mundo capitalista que gustosas se suman a la borrachera de muerte y destrucción. Se cumplió el vaticino de los científicos sociales que sostuvieron ante la caída del muro de Berlín que el imperialismo se quitaría por fin la máscara humanista y enseñaría su verdadero rostro al mundo.
Los más críticos, desde finales de la década de los 80 del siglo pasado alertaron de la escalada de agresiones y mayor opresión para los pobres del mundo que se veía venir con la invasión ilegal a Panamá para secuestrar al presidente de ese país con el sobado pretexto del narcotráfico, la invasión a Yugoslavia para despedazar a ese país europeo, etc., y luego la cascada de agresiones armadas a Irak, Libia, Afganistán, etc., que confirmaban la certeza de que sin competencia al frente, es decir sin la alternativa de organización socialista para mejorar sustancialmente la vida de las grandes masas trabajadoras del mundo, sistema económico y político que realmente las hiciera valer, se enseñoreaba incontenible la visión supremacista del mundo, el racismo, etc., sin el menor pudor y sin temor a la toma de conciencia de obreros, campesinos y clases laborantes en general, así como de las clases medias, ante la situación real por las que estaba atravesando el mundo y el negro destino que les deparaba en el corto plazo, confiado en su poderosísimo aparato de propaganda y manipulación cultural de los pueblos y clases oprimidas.
Pero el viejo topo de la historia que no se detienen en su incesante devenir y desarrollo, encontró en la federación rusa, y en la República Popular China, nuevos baluartes de una vida más vivible, más digna para los habitantes del planeta; de auténtica democracia y no sólo política sino también económica, basada en relaciones de producción más humanas y acordes al desarrollo de las fuerzas productivas. Otras concepciones que se enfrentaron a querer o no, con la vieja visión del mundo unipolar expoliador de los grandes ricachos detentadores del poderoso y parasitario capital financiero, usurero fundamentalmente, que no produce nueva riqueza sino que se apropia de la ya existente mediante el agio o préstamos a interés, el cual, por fin ha dejado caer la hoja de parra que le quedaba como supuesto defensor de los valores de libertad, justicia y democracia que antes defendía hasta en el comercio, para revelarse como descarado depredador de la naturaleza y la sociedad, e inescrupuloso enemigo de la libre competencia, capaz de amenazar a la humanidad entera: o se le somete dócilmente a sus caprichos de dejarse consumir todos los recursos garantizando una extinción segura de la vida en el planeta en el mediano plazo, o estalla la guerra nuclear que acabaría más pronto con toda la vida.
Y aquí estamos hoy, gritando con todas nuestras fuerzas, para despertar la conciencia de las clases trabajadoras y empobrecidas: ¡¡El rey va desnudo!! El viejo imperialismo nunca fue genuino defensor de los nobles principios humanistas, sino sólo de sus intereses, de la explotación del hombre por el hombre y de los recursos materiales propiedad de toda la humanidad por parte de unos cuantos, es decir, defensor del reino caduco de unos los apropiadores de los medios de producción y sus mentiritas. ¡Vedlo, él es!







